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Blog De la Calle: Gilipolleces

Blog De la Calle: Gilipolleces (y la complicada realidad del rugby español)

El 23/03/2017 a las 11:21

En los rostros de Nava y Gibouin se podía aún ver el esfuerzo de los capitanes, sentados junto al seleccionador. El primero, capitán del XV del León, le dio un trago a la cerveza que patrocina a la selección, respiró hondo y se dispuso a responder una pregunta aparentemente inofensiva.

Sin embargo, el 8, tipo vehemente y pasional dentro y fuera de campo, se fue encendiendo y ofreció un retrato del rugby español digno de ser reproducido íntegramente:

"Hoy toca disfrutar. Mañana nos daremos palmaditas en la espalda, pero tengo miedo porque el lunes vamos a volver a la realidad: no estamos unidos. Tenemos un rugby en el que cada uno tira para lo suyo. Como no espabilemos, todo este buen momento del rugby español dará paso a los problemas de siempre en lugar de tener un proyecto común en el que todos empujemos hacia el mismo lado. Llegará en julio la asamblea y se volverán a votar las mismas gilipolleces de siempre. Perdón, no son gilipolleces, son cosas que realmente no son importantes. La Federación puede hacer las cosas mejor, pero tampoco puede ser el saco de boxeo y objeto de críticas de todo el rugby español. Hay que coger a la Federación, ayudar y tirar todos del carro. Tenemos que unirnos ya porque si no se nos pasará el arroz y no servirán de nada los éxitos de chicos y chicas. ¡Espabilemos! Jugadores, clubes, federaciones territoriales y Federación Española como buque insignia"

Un minuto tenso, con el seleccionador aguantando el tipo cariacontecido ante la soflama de su capitán. Una declaración en la que, por encima de todo, prima el miedo y la frustración por ver cómo se puede perder un nuevo tren. Algo habitual en un rugby español que sigue anclado en 1999, año en el que fuimos al único Mundial que hemos pisado.

No hace mucho la World Rugby ha exigido a nuestra Federación un cambio de estructura innegociable que va más allá del cambio de sillas que se ha producido. Precisamente el vicepresidente de esta institución, el argentino Agustín Pichot, visitó hace unos meses Madrid, viaje que aprovechó para reunirse con el presidente de la Federación Española de Rugby, Alfonso Feijoo. El donostiarra heredó una federación arruinada por la mala gestión de su antecesor, Cancho, quien dejó casi dos millones de deuda en las arcas. Feijoo está realizando una labor sobresaliente al reducir el déficit con diligencia y premura. Un obstáculo que hipoteca cada decisión de una Federación en la que se repiten los rostros de aquel año 99.

Advertía Nava que “la Federación puede hacer las cosas mejor”, letanía que suena con fuerza en estos días en los que la crispación ha cargado de tensión el ambiente oval con declaraciones gruesas inusuales en el rugby. Algo que mantiene a la defensiva al presidente, que vive días de mucha exigencia. Se han vivido días ásperos durante la espera de la designación de la sede de Copa, un tira y afloja en el que Valladolid ha puesto en marcha la plataforma RUGBY YA. Un ejemplo del camino a seguir.

Pero también declaraba Nava que “La Federación no puede ser el saco de boxeo del rugby español”. Algo en lo que lleva la razón porque la FER, con sus fobias y filias, no puede tirar sola del carro porque no está preparada para ello. Nadie habla, por ejemplo, en inglés en Ferraz desde la sorprendente ‘dimisión’ de Keith Chapman por un episodio aún no aclarado. Se habla desde hace mucho de la responsabilidad de los clubes, que están obligados a crear una Asociación de Clubes protagonista, que ayude y exija a una Federación con la que colisiona en sus intereses publicitarios.

Resurge el rumor de la eterna competición con los portugueses, llámese potenciación de la Taça Ibérica o Liga hispano-lusa, de la intención de Feijoo de reducir la División de Honor para aligerar un caótico calendario en el que clubes y seleccionadores batallan en lugar de negociar. Porque entre las gilipolleces de las que habla Nava se da el caso de que un club pague a su jugador un sueldo todo el año y no juegue la mitad de los partidos de Liga por estar convocado con las diferentes selecciones. O el caso contrario, en el que un seleccionador, pongamos el de VII, tenga que suspender concentraciones por no tener la disponibilidad de jugadores. Pero luego se le exigirá competir con rivales con más medios por la plaza para las World Series de 7. A eso sumen la incomodidad de que es el hijo del presidente, lo que más de uno utiliza para enredar sin razón, porque Pablo, además de ser la cara del rugby español desde hace años, luce una trayectoria como jugador que justifica su elección sobradamente.

Y en este escenario, con economía de guerra en la Federación y economía familiar en los clubes, con los jugadores sin organizarse para defender sus intereses y con escasa trascendencia mediática, aparece Pichot para marcar el camino de una World Rugby empeñada en subir al tren a los países del segundo y tercer escalón. Su mensaje era claro: crear una estructura para desarrollar a medio y largo plazo el rugby del país. En Argentina se hizo tirando de unas federaciones territoriales que crearon centros de alto rendimiento en los que captar y desarrollar a los más talentosos, mientras la Federación incidía en el papel de entrenadores y árbitros. Modelo copiado por Brasil, Uruguay, Canadá… La World Rugby ha dejado claro que no hemos subido al tren. Alemania, Rumanía o Brasil sí lo han hecho.

Aquí no hay proyecto. Ni una Liga potente liderada por los clubes para ‘vender’ el producto del rugby, ni una estructura de alto rendimiento en la base como la que pedía Pichot. Y Nava, que conoce bien de lo que habla, verbalizó la impotencia de un rugby español que ve frustrado cómo pasa otro tren. Si España se mete en el Mundial de Japón, lo cual no es improbable, el mundo mirará con curiosidad al rugby español. Pero, ¿tenemos algo que ofrecer a quienes lleguen con ganas de invertir en el rugby? La respuesta es NO. Porque como bien decía Nava, seguimos más preocupados por votar en la asamblea si se juega o no el Domingo de Ramos. Y los campos repletos de niños jugando al rugby. Es hora de dejarnos de gilipolleces…

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