Vicente llegaba como clara favorita a la prueba del heptatlón, sin embargo, parecía estar lejos del récord mundial de Alina Shukh (6.186), que hace dos temporadas deslumbraba en su misma categoría y se encuentra entre las mejores especialistas de la actualidad, estando presente en los últimos Mundiales de Londres, al aire libre, y Birmigham, en pista cubierta, donde obtuvo plaza de finalista siendo todavía sub-20. La española afrontaba el campeonato con el objetivo de llegar a los 6.000 puntos, ya una marca de relumbre, pero que se quedó corta con la exhibición protagonizada durante los dos días de competición que duró la combinada.

Una buena manera de hacer balance de lo que supuso el registro final de María Vicente es teniendo en cuenta la comparativa de sus registros con los marcados en las pruebas individuales en el mismo campeonato, y es que la española superó al oro en 100 vallas (13.25 por 13.26) y en longitud (6.37 con viento legal frente a 6.33 inválido), a parte de hacer marca personal en seis de las siete pruebas, lo que hubiera supuesto dos victorias más en un fin de semana donde lógicamente no tenía tiempo material para poder realizar tantas disciplinas.

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Pero si en las pruebas combinadas dejó claro que es un diamante en bruto, su capacidad competitiva quedó de manifiesto en el concurso de la final de triple. Después de un gran primer intento donde consiguió el récord del campeonato y poner tierra de por medio con respecto a su principal rival, la búlgara Nacheva, fue superada por ésta en la última ronda. Con un salto por delante, y a pesar del desgaste del heptatlón, María Vicente tuvo los arrestos de mejorar otra vez su marca personal, acercarse a la barrera de los 14 metros (13,95) y colocarse como la tercera europea de todos los tiempos por detrás de otra española, Ana Peleteiro (14,17) y su principal rival por el oro en Gyor (14,00).

Después de un fin de semana de éxito toca el momento de la reflexión ante el talento descomunal que atesora la atleta nacida en Barcelona. De padre cubano y madre conquense, dirige sus pasos con mimo y sumo cuidado Fernando Martínez, porque siempre detrás del éxito de un atleta está presente el trabajo muchas veces invisible del entrenador, que cobra más importancia si cabe en una atleta que todavía no ha cumplido la mayoría de edad, de cara a que pueda llevar una progresión que la lleve a lo que todo el mundo espera, ser una auténtica estrella mundial en categoría absoluta. Viendo el trabajo que en general se está haciendo, teniendo como consecuencia el resurgir del atletismo español, está en buenas manos.

Los próximos pasos de la doble plusmarquista mundial (también tiene la mejor marca de la historia sub-18 en pentatlón con 4.371 puntos), pueden pasar por participar en los Campeonatos de España absolutos y quién sabe, hacer su debut con la selección española en los Europeos de Berlín, donde con el registro alcanzado el domingo, tiene mínima de participación en triple salto. Y en el horizonte los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, donde no se descarta que participe, aunque no habrá cumplido los 20 años.

Con un amplio abanico de pruebas y posibilidades a elegir, solamente el tiempo y ella misma dirán a donde se encaminan sus pasos en un futuro. Elija lo que elija, María Vicente volverá a brillar con fuerza, porque se lo ha ganado a pulso. Tiene los mimbres necesarios para ser un referente, entrega, competitividad, garra y sobre todo ilusión por ganar en cualquier disciplina que se le ponga por delante, y es que parte del futuro del atletismo en España pasa por ella, aunque por el momento, hay que dejar que siga su camino.

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