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Argentina, semifinalista
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Publicado 27/08/2004 a las 06:00 GMT+2
Una reacción de coraje, clase y casta en la segunda parte trunco la ascensión griega hasta las semifinales olímpicas que el viernes, después de 42 años de ausencia, recibirán de nuevo a Argentina en busca de la final que se le escapó en Helsinki'52.
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ATENAS, 26 de agosto. - Una reacción de coraje, clase y casta en la segunda parte trunco la ascensión griega hasta las semifinales olímpicas que el viernes, después de 42 años de ausencia, recibirán de nuevo a Argentina en busca de la final que se le escapó en Helsinki'52. Por mucho que la historia se repite y se vuelve a repetir es muy difícil evitarlo. Grecia en su casa juega un treinta por ciento por encima de sus auténticas posibilidades o más. La combinación entre la pasión de los jugadores y el fervor de la grada lleva a la selección helena en volandas. Es una fiebre que casi devora al cuadro de Rubén Magnano. Las canastas se celebran como goles en el fútbol. Cualquier decisión arbitral, sea acertada o no, a favor del equipo contrario desata un concierto de pito de mil decibelios. No queda rincón, ni camiseta ni mejilla en la que falten los colores de la bandera griega.
'Elefceria i zanatos', libertad o muerte, el lema de los soldados que lucharon contra los invasores turcos, cada una de cuyas sílabas corresponde a las franjas azules -la primera palabra- y blancas -la segunda- de la enseña nacional helena, parece hervir en el corazón de los baloncestistas locales. Son sus juegos, quieren su medalla y vibran con los cinco sentidos sobre la pista. Argentina cuenta con hombres que han disputado la liga griega, caso de Fabrizio Oberto, a quienes no podía pillar por sorpresa lo que les aguardaba en el OAKA Indoor Arena. Es lo mismo, aunque te prepares, aunque lo hables, aunque te mentalices, Grecia, en su casa, no te da tregua. Los argentinos dieron la sensación de estar preparados en un buen comienzo (10-22). A los griegos se les iba el aliento en cada tiro (dos de once en triples en el primer cuarto) y tampoco encontraban a Lazaros Papadopoulos en la pintura. Ocho puntos de ventaja al final del tramo (14-22), con el pabellón en silencio -inmejorable señal en estas pistas-, anunciaban a los subcampeones del mundo.
Pero Grecia siempre lucha. Theodoros Papalukas tomó el mando de las operaciones y llegó el primer zarpazo. De 19-27 a 35-27 con un parcial de 14-0. El silencio de la grada formaba parte del pasado. El OAKA rugía como un león de cacería y la selección griega, en pleno trance, sacudida por miles de gargantas, volaba hacia las semifinales. El descanso resguardó al equipo albiceleste. Le dio calma. Le apaciguó. El intermedio le sentó tan bien que le valió para rehacerse de un amenazante 47-37. Y eso que no era el día de Luis Scola, un pilar que carga con una buena parte de la selección suramericana. Después de un 6-13 culminado en los segundos finales del tercer periodo por un triple de Juan 'Pepe' Sánchez, Argentina podía volver a pensar en las semifinales como objetivo (53-53). Tanto acoso la había encorajinado -técnica a Andrés Nocioni por protestar-.
La serie americana siguió hacia arriba en el arranque del último espacio a 6-19 (53-59 m.33) y el silencio volvió a colarse por los muros del mastodóntico OAKA Indoor Hall. Las cestas griegas y los ataques albicelestes lo quebraban, pero el público sentía alejarse el boleto para 'semis'. A poco más de cinco minutos la diferencia era también de cinco puntos. Un tanto por minuto cabía en cualquier posibilidad de recuperación. La fama de Argentina, sin embargo, agrandaba esa distancia a ojos de los seguidores locales.
Lo cierto es que nadie sabe lo que espera a la vuelta de cada golpe del segundero en duelos así. De pronto, el ataque argentino cerró por vacaciones con la misma firmeza que había volteado el marcador previamente (61-63). Grecia también perdió de vista el aro en plena batalla de nervios. Nikolaos Chatzivretas lo reabrió con un triple en un instante crucial, a 35 segundos de la bocina (64-65). Argentina quería morirse. Luis Scola no. Scola iba a ser el hombre de la noche. A falta de diecisiete segundos metió los dos tiros libres de la gloria. Los difíciles (64-67). Los que ha devuelto a Argentina al umbral de la gloria.
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