En mayo de 2016, Ricky vio cómo su mundo se venía abajo. La vida le asestaba un duro golpe al perder a su madre, que perdía la batalla con el cáncer a los 56 años. A Rubio, cómodamente instalado en Minnesota, le ocurrió entonces lo que nos pasa a todos: todos los palos vienen seguidos. Y le tocó madurar a fuerza de afrontar esos golpes inesperados que te asesta la vida sin avisar. "La pérdida de mi madre me convirtió en una persona diferente. Aquello me cambió la vida. Dejé de preocuparme por las pequeñas cosas y me centré en lo importante", confesaba el jugador.

Ricky

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Con su mundo aún sacudido por esa pérdida irreparable, en junio de 2017 los Timberwolves decidieron sacarlo de su zona de confort y ponerlo en el mercado mandándolo a Utah, a convivir con uno de los públicos más feroces de la NBA. Una exigente prueba para Ricky que ha convivido a diario durante dos años con la incómoda sombra de John Stockton, el histórico base de los Jazz que llevó a su equipo a las finales de la NBA. Y ha sido allí, en Salt Lake City, la capital de los mormones, donde Rubio se ha reinventado deportiva y personalmente.
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El niño prodigio de El Masnou se vió obligado a madurar, colgando el disfraz de showman para ponerse el traje de adulto. Dejó de ser el heredero de Pete Maravich, "el showtime antes de que hubiera showtime", aquel jugador genial y anárquico de los 70 que llenaba las gradas, pero no las vitrinas de sus equipos. Ricky ha mejorado su mecánica de tiro, siempre cuestionada, y ahora es más paciente a la hora de leer las defensas con su clarividencia táctica.
Rubio no ha dejado de crecer en los Jazz, pero como le ocurrió a 'Pistol' Maravich, apenas le ha dado para llevar a Utah a la primera ronda de los playoffs. Sin embargo, ese proceso que ha vivido le ha convertido en un jugador más maduro, más reflexivo. Convirtió su descarado flequillo juvenil en una poblada barba y una melena recogida. Ricard, como le sigue llamando su padre, se ha sacudido definitivamente ese aire adolescente de Peter Pan lejos de los suyos para convertirse en un adulto. El año pasado Scariolo le llamó para reclutarlo en un Mundial al que llegarían con un equipo diezmado por las bajas. Sin Pau, sin Mirotic, sin Ibaka, sin Abrines y sin Sergio Rodríguez, Ricky entendió que era el momento de dar el paso adelante.

Ricky

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Desde el primer momento comprendió que solo podía pensar en ganar el oro. Y trabajó para ello. Se asoció con Marc Gasol, que llegaba de ganar el anillo de campeón de la NBA con muchos minutos encima. Y pusieron al servicio del equipo su inteligencia para leer el juego y su carisma para dirigir el barco en los momentos difíciles. "He sentido muchas cosas al ser campeón del mundo. Nos han criticado mucho y cada uno ha dado mucho por el otro compañero. Hemos empleado horas y horas de trabajo, he aprendido mucho en este proceso y he sabido prepararme para este momento. Sabía que era muy importante para mi y le dedico mi victoria a mi madre que ahí arriba estará muy contenta", afirmó Ricky tras conquistar el título. Acababa de ser nombrado MVP del Mundial, miembro del quinteto del torneo y mejor jugador de la final, premio que le entregó Kobe Bryant.
Ricky es un hermano más en todas las casas españolas. Le hemos visto crecer como hemos visto crecer a Carlitos, el pequeño de los Alcántara en 'Cuéntame'. Pero un día Ricardo Gómez, el actor que llevaba 15 años interpretando ese personaje, decidió volar, independizarse de Carlitos y elegir su camino. Rubio hizo lo propio dejando al adolescente Ricky en Minnesota. Viajó a Utah, un contexto menos amable y de mayor exigencia, y ha regresado de allí convertido en un base maduro, paciente e inteligente. En este Mundial ha clavado los triples que antes se salían, ha descifrado las defensas como nadie, dibujó mil pick&rolls con Marc y ha patentado ese tiro a medio entrada con la rodilla arriba tirado a un lado. Sostenía Sergio Hernández, el magnífico entrenador que ha llevado a Argentina a la final, una reflexión que define perfectamente el pensamiento de Ricky: "No se disfruta porque se gana, se gana porque se disfruta".

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A sus 28 años, Rubio regresa de China convertido en el mejor jugador del torneo del mundo, al menos del Mundial, al sumar 16 puntos, 6 asistencias y más de cuatro rebotes por partido. Ricky, como este equipo, nos ha enseñado que hay que salir cada día a disfrutar aunque venga mal dadas. A levantarnos siempre cuando caigamos, a no arrojar nunca lo toalla y a ayudar a los demás sin esperar nada a cambio. Ricky ha dejado de ser un deportista que nos entretenía para convertirse en una persona que nos inspira. Su reflexión final, con un sosiego impropio de la euforia que le rodeaba en el vestuario, es el legado más grande que nos deja esta selección: "Ojalá esta historia que hemos escrito en China pueda inspirar a mucha gente. Espero que lo que hemos conseguido ayude a superar a mucha gente sus obstáculos. Hemos dado una lección en el deporte y en la vida. Este equipo es leyenda". Y Ricky, añado yo, un mito.

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