Meses antes de deslumbrar en la final de la Copa del Rey de Málaga contra el Real Madrid o posteriormente ser ya la estrella azulgrana en la final de liga que ganaron con suficiencia a los blancos, Pau Gasol tuvo que empezar prácticamente desde cero para convertirse en un jugador importante en el primer equipo del Barça.
En la carrera de Pau no existen las casualidades: su talento y su ética de trabajo le han convertido en el mejor jugador español de todos los tiempos. Pero antes de serlo y con apenas 20 años, el sonado fracaso de un fichaje estrella del Barça le abrió de par en par esa puerta hacia la consolidación y el posterior estrellato.
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El de Sant Boi ya formaba parte de la disciplina del primer equipo del Barça la temporada anterior, la misma en la que el Real Madrid liderado por el exazulgrana Djordjevic se llevó la liga en el Palau Blaugrana. En los despachos del Camp Nou ya habían apostado anteriormente por aportar un fichaje con vitola NBA que luego no salió del todo bien: Anthony Goldwire. Y ya en esa temporada 2000/2001 y con el orgullo herido al haber perdido esa final ante el Madrid, decidieron apuntalar el equipo con Rony Seikaly.
Pocos repararon que el jugador libanés podría cerrar las puertas a la progresión de Gasol. Su amplia experiencia NBA y los 35 años con los que llegó al Barcelona, le convertían a priori en una pieza importante no solo para ganar al Madrid en competición doméstica, sino también en recuperar poderío en una Euroliga dominada entonces por los equipos italianos e incluso dividida en dos competiciones: la propia Euroliga y la escisión de otros clubes que jugaron la Suproleague de la FIBA.
Pero desde los primeros partidos se vio que Rony Seikaly no iba a dominar y, además, evidenció algún problema físico desde su debut como recuerda el escritor de baloncesto, Javier Ortiz, en este perfil.
Sólo jugó 7 partidos con la camiseta azulgrana y puso punto y final a su corta estancia con un acto de indisciplina: se negó a entrenar al día siguiente de un partido de Euroliga. Se le abrió un expediente y a los pocos días se le rescindió el contrato. Ahí acabó la corta historia de Seikaly y comenzó la de Pau Gasol, quien también recibió un espaldarazo de confianza de su entrenador al ver cómo el Barça no fichaba otro interior y apostaba por un base: Michael Hawkins.
Desde ese momento, los números de Gasol comenzaron a crecer vestido de azulgrana y las citadas exhibiciones ante el Real Madrid en la final de copa y liga son historia de nuestro baloncesto. En sólo un año Europa se le quedó pequeña, todo lo contrario que a Seikaly, a quien al parecer el Barça le vino muy grande.
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