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Los campeones, aclamados
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Publicado 07/02/2005 a las 20:00 GMT+1
Más de mil aficionados aclamaron, vitorearon, abrazaron y besaron a cada uno de los miembros de la selección española de balonmano que regresaron de Túnez con el trofeo de campeones del mundo y con caras exultantes por el triunfo, sonrientes y felices por
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Fuente de la imagen: Eurosport
MADRID, 7 de febrero-. Cerca de dos horas tuvo que esperar la afición para poder ver y tocar a sus ídolos en el aeropuerto de Barajas, donde se montó un fuerte dispositivo policial para contener la avalancha de personas que se concentraron frente a la sala que se habilitó para una rueda de prensa.
El vuelo procedente de Túnez aterrizó en Madrid a las 17.10 horas pero la selección no apareció por la sala de prensa abarrotada de medios de comunicación hasta una hora después, tras pasar el control de pasaportes y recoger sus maletas.
Mientras, fuera de la sala, los aficionados no paraban de gritar "Campeones, campeones", pitar y corear frases como "Más balonmano y menos fútbol" ante la presencia de los numerosos agentes del Cuerpo Nacional de Policía y vigilantes de seguridad del aeropuerto que custodiaban la sala de prensa, donde también aguardaban familiares de los jugadores.
El equipo al completo accedió a la sala con la copa en las manos del seleccionador nacional, Juan Carlos Pastor, cantando, riendo y tocando tambores. Posaron ante los medios gráficos con sus medallas de oro al cuello. Y luego más fotos del entrenador con el trofeo y de Mateo Garralda con su premio de mejor lateral derecho del Mundial de Túnez 2005.
Mientras comenzaba la rueda de prensa de Pastor, Garralda, Barrufet y el presidente en funciones de la Federación Española de Balonmano, Jesús López Ricondo, el resto de los jugadores era abordado por los periodistas para recoger sus impresiones. Más tarde se despidieron entre ellos, algunos con lágrimas en los ojos.
Tras finalizar la conferencia de prensa, fueron saliendo uno a uno por la sala a la terminal donde esperaba la afición, momento en el que se estableció un largo cordón policial para permitir el paso de los campeones, que no defraudaron a sus seguidores y accedieron a hacerse numerosas fotos, firmar autógrafos, y besar y abrazar a quien lo reclamaba.
Unos diez minutos tardó cada jugador en cruzar ese pasillo policial antes de abandonar el aeropuerto madrileño hacia sus lugares de residencia a los que viajarán en avión, en autobús o en los coches de familiares y amigos que acudieron a recibirles.
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