“No sé cuánto de lo que publica en Instagram es cierto. Pero si es así, vive una muy buena vida. Muy diferente a la mía, y aun así ha encontrado su camino hacia la cima”. Son las palabras de Marte Olsbu Röiseland, una de las grandes integrantes del exitoso equipo noruego de biatlón, ganadora de dos medallas de plata en PyeongChang y hasta cinco metales (tres de oro) en los últimos Mundiales de Anterselva. No hay duda de que Dorothea se ha convertido en toda una celebridad en Italia no solo por sus éxitos en la nieve, también por su fama de ‘instagramer’: en la famosa red social cuenta con nada menos que 534.000 seguidores, la que más en el mundo del biatlón (Fourcade tiene 469k) y en el podio de las deportistas italianas, aunque todavía lejos de una Federica Pellegrini con la que se la compara habitualmente.
“No, por favor. Me siento mucho más pequeña que ella”, ha dicho con modestia Wierer en más de una ocasión. De lo que sí presume es de su fama en las redes, de la dolce vita y de la posibilidad de demostrar que se puede alcanzar el éxito y gozar a lo grande al mismo tiempo. “Siempre me preparo al máximo, pero también me gusta la vida fuera del biatlón. Si puedo divertirme fuera del deporte, mejor para mí. Hay que aprovechar la oportunidad de disfrutar de la vida”, declaró recientemente.
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‘Doro’, como la suelen llamar, tiene claro que su atractivo ayuda a atraer seguidores y contratos publicitarios, pero el objetivo de sus ‘coquetas’ publicaciones poco o nada tienen que ver con el narcisismo: "No puedo negar que mi aspecto ayuda, especialmente con los patrocinadores. Pero para mí lo importante es resaltar mi lado femenino en un deporte que todavía está muy dominado por los hombres", afirmó en la Gazzetta dello Sport, donde también reconoció que sus fotos con más likes son en las que luce en bikini. “Y eso que no uso muchos porque soy demasiado musculosa", concluyó entre risas.
De ahí que se convirtiera en la primera mujer en ir maquillada a las competiciones. “Luego todas me copiaron”, añade. A lo que no está dispuesta es a cruzar la línea: hace unos años, la revista Playboy en Rusia (país donde el biatlón es muy popular) le ofreció posar desnuda para su portada. Su respuesta fue tajante. “Nunca me desnudaría para el público. Eso sería vergonzoso para mí”.

De la nada a la gloria

Pese a lo fácil que le resulta acaparar focos, para Dorothea no todo ha sido un camino de rosas. Hace tan solo unos años se encontraba por detrás de los 40 mejores biatletas, logrando subir al podio por primera vez en la Copa del Mundo de 2016, logrando la plata en la prueba celebrada en Alemania. Era su primer premio individual y lo refrendó ese mismo año con otra plata en el Mundial de Oslo.
A los Juegos Olímpicos de PyeongChang llegó como una de las favoritas a llevarse metal, pero tan solo consiguió el de relevo mixto, el mismo que obtuvo en Sochi cuatro años antes. Culpó al insomnio y los nervios por su desempeño en Corea, pero su mentalidad cambió en la siguiente temporada, cuando se hizo con el Globo de Cristal además de su primer oro mundial en la modalidad de salida en grupo en Östersund. "Se me cayó una mochila gigante, fue como ser de repente una persona diferente. Ahora, cuando estoy en el campo de tiro, siento que nunca he estado tan tranquila. Me siento más relajada, tal vez sea la edad ...", declaró en el Corriere della Sera.

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Dos medallas olímpicas, la victoria en la general de la Copa del mundo, el oro en Suecia… los triunfos se sucedían y la convirtieron en el mayor reclamo de Italia para el Mundial de este 2020 en Antholz, muy cerca de donde se crió, en Brunico, un pueblo en el que el 80% de la población tiene como lengua materna el alemán. No se apellida ‘Wierer’ por casualidad. Pero Dorothea, que ha arrasado con todos los pronósticos con dos oros y una plata (ganó la carrera individual de 15 km, ganó la de persecución de 10 km y quedó segunda en relevo mixto) ha demostrado un gran aprecio por su tierra, hasta el punto de cantar con emoción el himno italiano cada vez que ha subido al podio.
Sus logros, además, han logrado visibilizar un deporte sin excesiva importancia en el país transalpino. Hasta ahora, Italia nunca había ganado un oro en los siete eventos mundiales en casa, seis de los cuales se llevaron a cabo en Antholz. Más de 23.000 personas vibraron con Dorothea en la pista y más de 500.000 lo hicieron a través de la televisión. El propio primer ministro italiano, Giuseppe Conte, visitó la competición para felicitarla en persona, algo impensable en épocas pasadas. El colofón a una carrera de ensueño, la consecución del segundo Globo de Cristal de su carrera.

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Considerada una celebridad gracias a la combinación perfecta entre el éxito y la fama consumada en pistas y redes, Dorothea Wierer huye de la definición de estrella (que sí otorga a sus ídolos Roger Federer y Usain Bolt, además de Lindsey Vonn) y tiene claras sus metas en la vida: ser feliz junto a su marido, el entrenador de esquí de fondo Stefano Corradini (dice que el día de su boda fue el mejor su vida), formar una familia y colocar el biatlón en el lugar que le corresponde: “Estoy contenta si puedo dar a conocer el biatlón a personas que generalmente no lo siguen, aunque eso dependa mucho de los periódicos y la televisión. En Italia hay fútbol, luego la nada, luego los otros deportes. De todos modos, en general soy optimista por cómo van las cosas para el biatlón en nuestro país". Palabra de Wierer.

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