El 'Esto es Durísimo' de Jorge Lera | David Benavídez, el monstruo que persigue a Canelo
PorJorge Lera
Actualizado el 29/01/2025 a las 14:19 GMT+1
David Benavídez y David Morrell van a protagonizar este sábado en Las Vegas uno de los mejores combates que se pueden dar en la actualidad, como colofón de una sensacional velada que podremos ver en vivo en Max y Eurosport 2. Un duelo entre dos extraordinarios boxeadores imbatidos que disputarán en el peso semipesado el campeonato interino de la WBC y el regular de la WBA.
David Benavídez en el 'Media Day' previo a su pelea con David Morrell.
Fuente de la imagen: Getty Images
En el galimatías en el que se ha convertido el boxeo actual, con su proliferación de títulos, esto casi sería lo de menos. Lo cardinal es que dos de los más sobresalientes púgiles de la división están dispuestos a arriesgar su condición de invictos y futuros combates millonarios. Si a eso sumamos la espectacularidad de sus respectivos estilos y su más que demostrada capacidad de noquear rivales, podemos estar ante un auténtico clásico. Merece mucho la pena conocer la vida y la trayectoria boxística de ambos para entender todo lo que van a poner en juego este sábado. Hoy nos centraremos en el actual campeón interino de la WBC, un boxeador que ya sabe lo que es ser campeón mundial y que lleva años pidiendo en balde un enfrentamiento con Canelo Álvarez, un combate que todo el mundo desea, menos el astro mexicano. Su apodo es Bandera Roja, señal de auténtico peligro, aunque últimamente prefiere que le llamen Monstruo, porque es el sobrenombre que le puso Mike Tyson, impresionado por la capacidad de demolición del pegador de Phoenix.
David Benavídez lleva el boxeo en la sangre, lo ha mamado desde niño. Nació hace 28 años en Phoenix, Arizona, de madre ecuatoriana y padre mexicano. Desde bien pequeño ponía todo su tesón en imitar los armoniosos movimientos de su hermano José, que era casi cinco años mayor que él y ya destacaba como uno de los talentos boxísiticos más deslumbrantes de los Estados Unidos. Entrenado por su padre, el hermano mayor fue once veces campeón nacional de Estados Unidos. Además, se proclamó campeón Golden Gloves con tan solo 16 años, récord en la historia de este prestigioso torneo. Y a la sombra de su hermano, David era poco más que un monito de imitación, al que no se le daba mal el boxeo, pero en el que nadie ponía muchas expectativas. Los problemas realmente llegaron cuando su padre y su hermano mayor dejaron Arizona para mudarse a California, con vistas a lanzar desde allí su carrera profesional. El joven David, sin sus dos referencias al lado, descuidó sus hábitos, perdió la motivación y se dejó llevar hasta convertirse en un quinceañero con un ostensible sobrepeso. Todavía no había dado el estirón y no medía más de 1’65, pero su peso llegó a superar los 110 kilos. Después de los disgustos iniciales, de nuevo con el apoyo de sus dos referentes, David se deshizo de sus malos hábitos alimentarios y empezó a centrarse más en sus entrenamientos. Fue un año muy duro, en el que fue eliminando el exceso de peso. Poco a poco, el boxeo ya no era esa actividad que hacía por imitación y por tradición familiar, sino que comenzó a convertirse en su pasión, su vocación y su devoción. El camino fue distinto al de su hermano puesto que el padre le quiso enseñar un estilo más profesional. A diferencia de la larga y laureada carrera amateur de su hermano, David iba a debutar como profesional con tan solo 16 años y no más de quince combates amateur como bagaje.
Como no había cumplido los 18, edad mínima exigida en Estados Unidos para boxear como profesional, los primeros siete combates rentados de David los realizó al sur de la frontera, en Tijuana, donde empezó a curtirse. Una vez ya cumplida la edad mínima, su carrera fue creciendo en los rings estadounidenses. Además, por los contactos de su padre y de su hermano, desde bien joven contaba con el privilegio de poder guantear y compartir gimnasio con estrellas como Genady Golovkin, Kelly Pavlik o Chocolatito González. El niño obeso del que se reían en el colegio y en el gimnasio se había convertido en una máquina de demoler, un atleta bien proporcionado que destacaba por su boxeo de ataque, su excelente técnica, su golpeo en combinaciones y su demoledora pegada.
Con tan solo 20 años, David ya era campeón mundial. Obtuvo el título de la WBC del supermedio en 2017, tras derrotar a Ronald Gavril por decisión dividida, en un combate duro e igualado por el título vacante, en el que incluso Benavídez se fue al piso en el último round. El apretado triunfo le valió para convertirse en el campeón mundial más joven de la historia de la división. En la revancha ante Gavril, su primera defensa, supo hacer los ajustes necesarios para despejar cualquier duda y derrotarle con claridad, anotándose unánimemente once de los doce rounds.
Pero con el título, la fama y el dinero, llegaron los problemas. En septiembre de 2018, un test antidopaje realizado por la VADA dio positivo por cocaína. Perdió el título y tuvo que afrontar una sanción de cuatro meses. La sanción, en tiempo, no fue muy dura. Al fin y al cabo no estaba haciendo trampas. Tampoco era consumidor habitual, sino que el positivo fue producto de una insensatez de juventud que le salió muy cara. Pero perder el cinturón de esa manera y, sobre todo, el disgusto que le ocasionó a su padre fueron motivos más que suficientes como para reconocer compungido el error y una y no más, Santo Tomás. Aprendió del tropiezo y, una vez cumplida la sanción, vuelta a lo que mejor sabe hacer. Dominar y demoler a sus rivales.
En 2019 Bandera Roja recuperó su corona del supermedio con una convincente actuación ante Anthony Dirrell. Pero de nuevo un error le iba a costar caro. Otra vez iba a perder el título fuera del ring, en este caso en la balanza, cuando en su defensa ante Roamer Alexis Angulo, en 2020, no fue capaz de dar el peso. El principal problema es que ese título perdido lo conquistó Saúl "Canelo" Álvarez. Y desde entonces, la trayectoria de Benavidez ha sido una infructuosa búsqueda de un megacombate con Canelo. El rey tapatío ha desdeñado siempre esta oportunidad, optando por otros rivales. Entre otras cosas, Canelo alega que Benavídez no le ha tratado con respeto y que por lo tanto no le va a hacer ganar dinero a su costa. El estadounidense ha respondido que estaría dispuesto a enfrentarse a Canelo gratis, solo por la gloria. De momento, ese combate sigue en el limbo.
De poco le han servido hasta el momento tres brillantes victorias por el título interino de la WBC ante rivales del nivel de David Lemieux, Caleb Plant o Demetrius Andrade. Con el beneplácito del organismo que preside Mauricio Sulaiman, Álvarez ha seguido optando por otros rivales. Harto de esperar, en junio, en su último combate, Benavidez ha subido al semipesado y se ha proclamado campeón interino tras imponerse al duro ucraniano Oleksandr Gvozdyk. Al menos, piensa Benavidez, si no es Canelo, un combate con el vencedor de Beterbiev – Bivol sería buena recompensa. Pero aun con eso, incluso esta misma semana ha seguido reiterando que su irreprimible deseo es el de cruzar guantes con Álvarez.
En cualquiera de los casos, el pequeño con sobrepeso que creció a la sombra de su hermano José, quien por cierto boxeará en las preliminares, se ha convertido en uno de los boxeadores más atractivos de la actualidad. Ha disputado 29 combates, todos victoriosos, con 24 triunfos obtenidos por la vía rápida. El sábado le espera uno de los más duros retos de su carrera en forma de un invicto y talentoso cubano que viene con hambre y confianza. El duelo de los Davides promete ser uno de los mejores y más emocionantes del año.
En la madrugada del sábado 1 al domingo 2 de febrero, el T Mobile Arena de Las Vegas acogerá la velada de boxeo en la que están en juego dos títulos mundiales y que cuenta con el combate principal ‘Benavidez vs Morrell’. Desde las 02.00H, el público podrá seguir la velada completa en directo en streaming en Max y también en TV a través de Eurosport 2.
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