Para introducir este debate es mejor recurrir a dos opiniones de dos expertos en ciclismo de Eurosport. La primera la de Alberto Contador, quien dijo en antena cuando el holandés cruzó abatido la meta del Mundial de Yorkshire: “Si antes ya le admiraba, desde hoy mi respeto por él es mayor”. La segunda es una más reciente, la de Antonio Alix instantes después de que Mathieu Van der Poel no ganara en Le Samyn pero aun con el manillar de su bici roto fuera capaz de ser decisivo para el resultado final de la carrera, ayudando a ganar a su compañero Tim Merlier: “Ha vuelto demostrar que en todas las carreras es el factor desequilibrante: o gana él o influye en quien gana”.
QUÉ VERSIÓN DE VAN DER POEL PREFIERES, ATACAR Y DAR ESPECTÁCULO O SER RESULTADISTA?
Ninguna de estas dos carreras a las que hacen alusión Contador y Alix las ganó Mathieu Van der Poel, pero en ambas sí ejerció ese “factor desequilibrante” al que apunta nuestro histórico narrador. Para completar esta reflexión también se puede acudir a una carrera reciente que tampoco ganó pero en la que sí dejó huella: la Kuurne-Bruselas-Kuurne con su ataque a 83 kilómetros de meta. El ciclista del Alpecin-Fenix tampoco ganó, pero ahí mejor que en otros escenarios se vio perfectamente por qué él es quien desequilibra o acaba decidiendo el resultado.
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Un movimiento lejano y una rápida ventaja para luego coger a la fuga del día. El propio Van der Poel animando a los fugados a entrar a los relevos y a obligarles a pensar en grande más allá de que alguno de ellos estuviera en esa escapada por razones tácticas para su equipo. Todos aceptan el juego, mejor ir a por todas e intentar hacer un podio que ser una mera comparsa. Y a falta de menos de dos kilómetros, un movimiento del equipo rival más potente para tumbar todo: el relevo de Kasper Asgreen, quien lo intentó a la desesperada para meter a un compañero en el esprint. Al final se acabó aprovechando Mads Pedersen, a quien sólo le bastó esprintar para ganar con autoridad sin que su equipo Trek-Segafredo apenas se desgastara en la persecución.

Van der Poel da el espectáculo y Tim Merlier remata en Le Samyn

Del ataque lejano de Van der Poel al poderío al esprint de Pedersen

En el palmarés figura Pedersen, casualmente ganador de aquel Mundial de ruta en Yorkshire en el que Van der Poel reventó, pero los titulares y el reconocimiento casi unánime de los aficionados se los llevó el nieto de Raymond Poulidor por dar una dimensión más espectacular a este deporte y no dedicarse a ser conservador o, depende de cómo se mire, más inteligente para simplemente esperar su turno al esprint.
En la extraña temporada 2020 Van der Poel sumó su primer triunfo en ruta en la séptima etapa de la Tirreno-Adriatico. Supo aguantar y moverse en el momento adecuado para remachar a Matteo Fabbro a escasos metros de la línea de meta. ¿Y quién se acuerda? Pues sin consultar al detalle una página de resultados poca gente, ya que en el recuerdo de todos sí está por ejemplo cómo ganó la última etapa y la general del BinckBank Tour atacando a más de 50 kilómetros de meta y jugando la apuesta más arriesgada a la par que más espectacular.
La misma pregunta de si es mejor resultados o dar espectáculo se podría aplicar a Peter Sagan. Su derrota más dura tras lanzar el mejor ataque fue en la San Remo de 2017. Su movimiento desde lejos en el Poggio arrastró con él a Kwiatkowski y Alaphilippe y sólo un error del eslovaco lanzando muy pronto el esprint le privó de tener el Monumento italiano que le falta y que a sus 31 años difícilmente podrá conseguir ya.
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Es evidente que al final las leyendas se basan en el palmarés más que en en el empeño en tratar de arrasar siempre desde lejos o buscando el camino más difícil. En el caso de Van der Poel estos dos extremos van de la mano. Ahí están sus triunfos y con todavía 26 años tiene la posibilidad de poder madurar y jugar otras bazas tácticas para seguir ganando. Sin embargo, si el enemigo a batir es Wout Van Aert su margen para poder atacar o sorprender desde lejos es más estrecho y los dos, fijándose en el antecedente inmediato de la Gante-Wevelgem, corren el riesgo de marcarse tan estrechamente y que otro se lleve el triunfo. Casualmente en ese escenario volvió a aprovecharse un Mads Pedersen, quien además de haber sido ya campeón del mundo se está labrando una interesante colección de victorias.
¿Acaso las del danés tienen menos valor? Por supuesto que no, aunque no dejen tanta huella. Pero como Van der Poel o en el caso de los mejores días de Sagan (Tour de Flandes 2016 o Roubaix 2018) o, siendo justos, las últimas París-Roubaix que ganaron Cancellara o Boonen, sus mejores victorias han llegado así: dominando desde lejos, prácticamente aplastando rivales y conquistando para siempre al aficionado.
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