A Petacchi le ha costado entrar en juego. Vino deprimido por las acusaciones de dopaje y luego le amargó Freire la primera semana, pero ya ha cogido el aire a la Vuelta, y está intratable. En Hellín se ha visto cómo se las gasta el mejor esprinter del mundo, el heredero del gran Cipollini, y su exhibición fue lo único destacable en una jornada plomiza, previsible.
El corredor de La Spezia escuchó en meta la tamborada local en su honor después de marcar el crono de la etapa (3:41:00) por delante de su compatriota Daniele Bennati (Lampre) y del bielorruso Alexandre Usau (Ag2r).
La etapa, que registró las bajas previas del italiano Leonardo Piepoli por problemas físicos de su mujer después del parto y del español Egoi Martínez, no inquietó a Menchov, que marcha impasible hacia Granada, "clavo ardiendo" de la Vuelta. El ruso mantuvo los 2:01 minutos de ventaja sobre su compatriota Efimkin (Caisse) y los 2:27 respecto al australiano Cadel Evans (Predictor). Sastre, aún primer español en la general y en la moral, cuarto a 3.02.
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En el kilómetro 13 se formó la escapada del día con el italiano Davide Rebellin (Gerolsteiner), el ganador en 2004 de la Flecha Valona, Amstel Gold Race y Lieja-Bastogne-Lieja, el español José Ruiz (Andalucía), los franceses Philippe Gilbert (Francaise) y Sebastien Minard (Cofidis) y el ucraniano Yuri Krivtsov (Ag2r).
Auténticos kamikazes del pelotón, o ilusos llenos de ilusión, algo de eso, porque el pelotón dejó bien claro desde el principio que daría permiso hasta un máximo de 3 minutos de retraso. Ya se ocuparon el Milram, el Quick Step y el Lampre de mantener el juego del ratón y el gato para no hacer peligrar la llegada al esprint.
Y es que hay gente con hambre de gloria. El belga Tom Boonen, todo un campeón mundial en Madrid'05 aún no ha catado el podio, Petacchi, quiere más, como su compatriota Bennati, que pretende ir al Mundial y debe lucir sus habilidades, o el español Koldo Fernández de Larrea, que cumplía 26 años y persigue doctorarse ante los grandes del esprint.
Los cinco expedicionarios se dejaron sus sueños en cada palmo de las inmensas llanuras que interrumpían los inabarcables campos de viñedos camino de la ciudad del tambor, de Hellín, punto final inédito en una etapa de la Vuelta. Resistieron, pero a 4 kilómetros de meta, Rebellin y compañía ya formaban parte de un pelotón que volaba hacia la llegada, en pleno esfuerzo bajo un insoportable bochorno, a 71 por hora, en un estado de esprint permanente.
Los Milran volvieron a imponer su tren azul claro, no tan potente como aquel más oscuro del Fassa Bortolo, pero suficiente para llevar al jefe en las mejores condiciones hasta la recta de llegada. Allí se presentó el italiano semicamuflado, para saltar implacable a 100 metros de la raya para meter la rueda y levantar los brazos. De nuevo, confirmando su recuperación.
No hay manera de que llegue una fuga, los equipos de los esprinters quieren más y más. La Vuelta quiere novedades, algún capitulo diferente. Todo puede ser posible en Granada. La esperanza es lo último que se pierde. Que se lo digan a Carlos Sastre.
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