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¿En qué se parece el Sky al PSG o Manchester City? Poder y fichajes que preocupan al ciclismo

¿En qué se parece el Sky al PSG o Manchester City? Poder y fichajes que preocupan al ciclismo

El 30/08/2017 a las 09:05Actualizado El 30/08/2017 a las 15:49

Para ser el más fuerte en la carretera, el Team Sky también debe serlo fuera. Su agresiva política de fichajes y su mayor potencial económico contrastan con los muchos problemas financieros de otros grandes equipos del World Tour, algo que genera una preocupación creciente en el ciclismo al más alto nivel, pero que obliga al resto de formaciones a mirarse el ombligo y buscar soluciones necesarias.

En el World Tour (primera división del ciclismo profesional) no cabe ninguna posibilidad de que un equipo pague 222 millones para fichar a un ciclista. De hecho, la cifra del traspaso de Neymar al PSG es la suma total de los presupuestos anuales de al menos diez o doce equipos. Pero en este deporte existe un equipo, el Team Sky, que sí admite la siguiente comparación. ¿Alguien imagina que en fútbol existiera un club que tuviera el potencial económico de PSG, Manchester City o Real Madrid juntos para fichar cada año a los mejores jugadores? Incluso admite esta otra: que en la NBA los Golden State Warriors, además de poder unir a tres mega estrellas en su quinteto tuviera la capacidad añadida de elegir a los tres primeros jugadores del draft.

Salvando las distancias, en algo parecido a esto se ha convertido el Team Sky en el mundo del ciclismo. Es el equipo más rico y con más medios a su alcance, con un presupuesto estimado y no oficial que supera los 25 millones de euros anuales. Esta cantidad es sensiblemente superior a la de otras grandes escuadras del World Tour y está generado una manifiesta desigualdad presupuestaria que incluso preocupa a Chris Froome. El cuatro veces campeón del Tour de Francia y actual líder de La Vuelta fue preguntado en la jornada de descanso de la ronda española por este ‘problema’ y si le parecía justa la ventaja económica con la que juega y ficha su equipo: “Sí y no. De alguna manera el apoyo que en general tenemos en el Team Sky sí es injusto en comparación con otros equipos”. Pero completó su respuesta con otra frase que obliga a una reflexión por parte de sus rivales: “Si quitas eso, ¿en qué tienen que esforzarse el resto de equipos? Quiero decir, ¿no hay que esforzarse más para conseguir más patrocinios, más apoyos y ganar más carreras?”

La postura de Chris Froome es cierta, pero también hecha desde la comodidad que otorga correr en el equipo más fuerte y que año sí y año también ficha a los gregarios más destacados para hacer aún más potente a la escuadra y por consiguiente, su reinado en el Tour de Francia. Por ejemplo, el Sky va a perder para 2018 a dos piezas muy valiosas como Mikel Nieve y Mikel Landa, capitales en las últimas victorias de Froome en París. Pero a cambio mueve el mercado a su antojo y contrata, entre otros, a Jonathan Castroviejo o David De la Cruz. O para ilustrar que la anterior comparación de los Golden State Warriors reclutando a los tres primeros del draft es válida, basta con ver su último movimiento fichando al campeón del Tour del Porvenir y nueva gran esperanza del ciclismo colombiano, Egan Bernal, al ruso Pavel Sivakov (campeón del Giro de Italia Sub’23 y de una etapa de montaña en el Porvenir) o al campeón del mundo Sub’23 de ruta en 2016, el noruego Kristoffer Halvorsen. En definitiva, no sólo refuerzan el presente sino que también atan con fuerza al futuro.

Y el resto de equipos, ¿qué?

En cambio, ¿qué les queda al resto de equipos? Tres ejemplos paradigmáticos que contrastan con el potencial del Team Sky. El primero, más reciente y preocupante, es el del Cannondale-Drapac. La estructura norteamericana pasó de ser uno de los más potentes del World Tour ganando un Giro de Italia en 2012, la Lieja-Bastoña-Lieja o el Giro de Lombardía y un buen puñado de etapas en las tres grandes o importantes carreras del calendario, a luchar cada año por su supervivencia viviendo de fusiones con otros equipos o suplicando por encontrar patrocinadores a última hora (incluso con la fórmula de donaciones populares de sus aficionados). En 2017 y pese a haber logrado un segundo puesto en la general del Tour con Rigoberto Urán y tener otros grandes ciclistas como Sep Vanmarcke, Andrew Talansky, Michael Woods o Pierre Rolland, ha anunciado su desaparición inminente si no encuentran un nuevo patrocinio a final de temporada.

Otro caso, también flagrante, es el del Quick Step belga. No se exagera al afirmar que es la institución deportiva más importante de su país por encima de cualquier otra, ya que en sus filas corren ciclistas como el ya retirado recientemente Tom Boonen o Philippe Gilbert. Siempre copando las portadas de los diarios con sus éxitos o derrotas, pero con serios problemas anunciados desde hace meses para encontrar un patrocinador solvente y poder seguir siendo el equipo que más victorias consigue. En este caso de poco o nada están sirviendo su poderío deportivo y la enorme popularidad en su propio país. La plantilla se va a aligerar de grandes figuras como Daniel Martin, Matteo Trentin, David De la Cruz o el gran dominador de los esprints del último Tour, Marcel Kittel.

El tercer y último caso es el del equipo Emiratos Árabes, antiguo Lampre. Su manager y leyenda del ciclismo italiano, Giuseppe Saronni, se quejó hace unos meses del músculo financiero del Sky, añadiendo que al resto de escuadras sólo les dejan las migajas del mercado. No se puede quejar este ganador del Giro en los ochenta, porque poco a poco el dinero va fluyendo en su casa tras acabar con un patrocinio histórico en el ciclismo como Lampre, ser estafados por un inversor chino que casi hacer desaparecer el equipo hace unos meses y empezar a disfrutar ahora de los petrodólares. Para 2018 han firmado a Daniel Martin, Alexander Kristoff y un Fabio Aru que va camino de convertirse en su nuevo líder. Pero igual que sucede con el Bahrein-Merida, el dinero fresco de Oriente Próximo parece que no acaba de aterrizar en el World Tour y, en caso de hacerlo, todavía acrecentaría más estas desigualdades existentes.

Desde hace varias temporadas, muchos equipos de esta primera división del ciclismo mundial han intentado unirse en diferentes asociaciones o estructuras para mejorar conjuntamente sus condiciones económicas, especialmente reclamando ingresos por derechos de televisión. Pero nunca –como siempre ocurre en este deporte- se ha llegado a ningún acuerdo para mejorar su calidad de vida. Los patrocinios son siempre marcas comerciales a corto plazo o a medio en el mejor de muy pocos casos, y casi nunca se pueden dar más de cinco años de vida ya no sólo a una marca comercial que preste su nombre a un equipo, sino a que un equipo potente cuente con la cantidad económica suficiente para hacer grandes fichajes, mantener buenos contratos, o hacer perdurar su estructura en lo más alto de los principales podios.

El ciclismo al más alto nivel tiene un problema en este sentido. Y aunque casi todos lo reconocen no basta con quejarse de lo mucho o bien que ficha el Team Sky y de envidiar el modelo de rico y poderoso que practican los ingleses. Algo habrá que cambiar, en algo habrá que imitarles y en algo habrá que hacer caso a Chris Froome y empezar a ponerse las pilas.

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