Cuando hablamos de alpinismo, uno piensa en imágenes evocadoras o en complicadas ascensiones a picos legendarios que han costado la vida a muchos montañeros. Pero existe otra disciplina que se ha puesto de moda en los últimos años consistente en ascender luchando con la dificultad que entraña la montaña en sí y además contra el cronómetro. Es la práctica conocida como speed climbing o alpinismo de velocidad. Una disciplina que ha tenido un auge especialmente significativo en los Alpes.
Y allí el hombre en el que todos se fijan es un modesto carpintero de la diminuta localidad suiza de Ringgenberg, que cuenta con apenas 2.500 habitantes y se encuentra en la zona de los Lagos del cantón de Berna. Su nombre es Ueli Steck y nadie sube tan rápido como él. Da igual que sea una pared o una montaña. Cuando el terreno pica hacia arriba, los majestuosos pulmones de Steck comienzan a bombear oxígeno a un ritmo que hace imposible seguirle en el ascenso. Por eso la mayoría de sus gestas las ha conseguido solo.
Alpinista de 39 años, cumple 40 la próxima semana, ha recibido el premio Piolet de Oro, el Óscar de la montaña, en 2009 y 2014. Un galardón que "premia la aventura, la audacia, el sentido de la exploración y exalta la belleza de un gesto individual o de grupo, al tiempo que promueve la imaginación en la búsqueda de vías innovadoras sin artificios". Con 17 años ya había alcanzado el nivel 9 de dificultad en escalada, algo a la altura de muy pocos. Ascendió al podio de mejores alpinistas de Europa tras completar la ‘Khumbu-Express Expedición’ en 2005, la trilogía en solitario del Cholatse (6440 metros), Tawoche (6505 metros) y Ama Dablam (6828 metros) en Nepal.
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En 2007, mientras ascendía por el flanco sur de la cumbre del Annapurna, fue golpeado por una piedra que rompió su casco. Quedó inconsciente y cayó más de 50 metros, pero sobrevivió pese a sufrir numerosas contusiones y una conmoción cerebral. Su historia negra con el Annapurna escribió otro capítulo cuando en 2008 no pudo concluir el ascenso por una amenaza de avalancha, y una semana después de esa tentativa subió a toda velocidad para socorrer a Iñaki Ochoa de Olza, pero la asistencia médica tardó en llegar y el español falleció de un edema cerebral a más de 7000 metros.
En octubre de 2013 logró ascender en solitario la cara sur del Annapurna (8091 metros) en un tiempo récord de veintiocho horas. Esa fue una de las razones que provocaron que recibiese su segundo Piolet d’or. En abril de 2016 volvió a ser noticia al encontrar, junto a su compañero alemán David Göttler, los cuerpos de Alex Lowe y David Bridges. Lowe y Puentes murieron en 1999 tras una avalancha mientras el primero intentaba encadenar el primer descenso de esquí desde la cima del Shisha Pangma
Pero en la montaña también hay envidias y Steck no está bien visto por todos, especialmente por muchos de sus colegas alemanes. Se le achaca que ataca a las cumbres como si fuera un contrarrelojista y entrena como un corredor no como un alpinista. Sus críticos acusan a Ueli de falta de testigos oculares, fallos de cámara y altímetro, o algunos sonados olvidos a la hora de conectar su GPS en sus intentos solitarios para batir marcas de velocidad de ascensión. Por todo ello muchos destacan la “inconsistencia" en las pruebas de sus hazañas.
Otros como Tenji, sherpa que es nieto e hijo de porteadores de altura, advierte que "Ueli Steck es el primer atleta de este tipo que encuentro en las montañas. La primera vez que me lo crucé, en una marcha de aproximación al campo base del Everest (8.848 metros), recuerdo que realizó el trayecto Namche-Thame en una hora para estirar las piernas y ponerse a prueba de cara al ascenso posterior. Ese trayecto, a más de 3000 metros, lleva a un alpinista normal entre cuatro y cinco horas… Sin duda, hablamos de alguien diferente”.
En abril de 2013 protagonizó en el campo II del Everest una pelea con los sherpas junto al alpinista italiano Simone Moro y al fotógrafo británico Jonathan Griffith que dio la vuelta al mundo. Y no mucho después tuvo que parar porque le detectaron un tumor que nunca quedó claro si tenía naturaleza cancerígena. Apodado por sus detractores Swiss Machine, mantiene largas conversaciones con mitos del alpinismo como Walter Bonatti, Reinhold Messner o Christophe Profit.
Steck es un adicto a las cimas de montaña que arrastra a su mujer a estas ascensiones fulgurantes. Durante uno de los aniversarios de boda de la pareja Ueli obsequió a su mujer con una romántica noche colgados de un voladizo en un campamento vertical en la cara norte del Eiger, en el que le preparó un suculento menú compuesto por pasta seca, mousse de chocolate y vino tinto. En otras vacaciones se fueron a Perú para “encadenar todos los picos de 5000 a 6 000 metros que Ueli encontró”. Así es Steck, que hace unos días completaba la CCC (101 km y 6.100+) de la Ultra Trail del Mont Blanc. ¿Corredor? ¿Alpinista? ¿Montañista? Él lo tiene claro. Deportista.
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