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Blog Vintage: Cuando el Bayern se vistió de Brasil

Blog Vintage: Cuando el Bayern se vistió de Brasil

El 26/04/2016 a las 20:36Actualizado El 26/04/2016 a las 20:38

El Bayern de Múnich, rival del Atlético de Madrid en las semifinales de la Champions League 2015/16, no dudó una vez en su historia en cambiar su habitual uniforme rojo por otro de color amarillo para superar la mala racha que le encogía cada vez que visitaba el campo del Kaiserslautern.

Sucedió en la temporada 1983/84 después de siete desplazamientos sin victoria hasta el feudo del 1FCK, el Betzenbergstadion, luego bautizado como Fritz-Walter Stadion, nombre que homenajea a uno de los héroes germanos que conquistaron el Mundial de Suiza 1954 para Alemania Federal.

La racha tenía angustiado al Bayern, cuya última victoria databa de 1975 con gol de Uli Hoeness. Así que el club se puso manos a la obra para cortar como fuera esa racha cuando tampoco dominaba la Bundesliga, con títulos en esos años para el Borussia Moenchengladbach, Hamburgo y Colonia y solo los títulos de 1980 y 81 del lado del equipo bávaro. Ganar, pues, en el infierno de Betzenberg era ‘cuestión de Estado’ en la entidad.

Augenthaler, del Bayern, en 1983.

Augenthaler, del Bayern, en 1983.Imago

Adidas, la proveedora de siempre del Bayern, estudió la petición del club, que apostó por emular en sus sorprendentes nuevos colores para visitar Kaiserslautern a la mítica selección brasileña, la misma que un año antes, en el Mundial de España, enamoró al mundo del fútbol pese a caer eliminada por Italia en el estadio de Sarriá en Barcelona. Y así fue como nació un uniforme con camiseta amarilla, pantalón azul y medias blancas, la equipación más clásica de Brasil.

Uli Hoeness con Beierlorzer.

Uli Hoeness con Beierlorzer.Imago

El Bayern sorprendió al balompié germano cuando, sin publicidad previa de ningún tipo, apareció en Kaiserslautern vestido de amarillo, azul y blanco para romper la maldición y vencer por 0-1 con tanto del defensa Augenthaler once minutos después del penalti que le paró el belga Pfaff al local Andreas Brehme. El exorcismo resultó y el amarillo, aunque no lo crea Luis Aragonés, funcionó por una vez.

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