El Madrid da calambre y genera miedo. Tuchel lo sabe. El Chelsea llega más fuerte con N´Golo Kanté y Pulisic sublimes, pero el Madrid tiene ese aura, incontrolable, que te puede echar a la calle sin inmutarse. Por eso, sin ser favorito, cargado de lesionados y a medio gas, nadie puede descartar un nuevo milagro de Zidane.
Cuando uno pasea por las exclusivas del barrio de Chelsea, por Sloane Square o King´s Road entiende por qué Roman Abramovich se compró el club con Stamford Bridge incluido en el pack. Es como si a algún rico le da por comprarse un equipo con sede en la calle Serrano en Madrid. Y funda un club independiente en el barrio de Salamanca. Abramovich adquirió el equipo en 2003 por 165 millones de euros y es justo decir que nunca lo dejó tirado. No fue un capricho de una noche. Pone su fortuna en comprar jugadores desde entonces. Ahora con un proyecto que tiene aroma, con futbolistas emergentes, y al que le falta más gol arriba para poder mirar a los ojos y ganarle una Champions a los grandes expresos.

Karim Benzema - Real Madrid vs. FC Chelsea

Fuente de la imagen: Getty Images

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Tuchel tiene a Timo Werner y Zidane a Karim Benzema. A día de hoy es una gran diferencia. Y es que Benzema, a sus 33 años, está en el mejor momento de su vida deportiva. Seis goles en nueve partidos. Y todo lo que no entra en la red, va al palo. Es ambidiestro y enfoca con una seguridad insultante. Su precisión es de un 85 por ciento en el pase. Verle un fallo en la entrega es noticia. Y esa es una bala que Zidane va a tener en el cargador. Con el 1 y el 9 en forma, con Courtois y Benzema 'on fire', el Madrid tiene siempre sus opciones. Por cierto, el Chelsea corrió 107,2 km, más que el Real Madrid, que firmó 103,2. El motorcito de Kanté se notó en demasía.
Los grandes jugadores del Madrid, los de verdad, juegan una media de diez años en el club. Benzema suma ya doce. Son números muy serios. Y por eso es uno de sus capitanes. En sus inicios daba imagen de tímido inaccesible. Apretaba con firmeza los neumáticos de su Audi en las tachuelas del asfalto de Pozuelo y era feliz comiendo sus bocadillos de atún.
Benzema es hoy un tipo cercano. Esboza una sonrisa permanente después de los partidos. Contagia optimismo. Lleva la cabeza alta. Es ganador y lo más importante, transmite un carisma que le proyecta en la actualidad a ser uno de los jugadores más influyentes del fútbol mundial.
El blanco es el pantone que da energía a las regias casas del barrio de Chelsea. Es un blanco inmaculado. Paseando un día con Fabio Capello, vecino de la zona en su época de seleccionador inglés, contaba que el ayuntamiento de Londres exige pintarlas todos los años para mantener el status y la imagen de entorno idílico.
El Madrid, jugando de blanco, siempre impone. El escudo gana partidos. Y con la jerarquía de Benzema, si Modric y Kroos logran tomarse un descanso estos días, la eliminatoria, a pesar del complicado 1-1, aún está abierta. El Madrid apuesta todas sus cartas encima de la mesa a Karim Benzema. Un madrileño más. Se quedará en la ciudad cuando acabe el fútbol. Y esa clase de decisiones le unen a Madrid. El público, en casa, por la tele y sin ir al estadio, detecta el compromiso.

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