De Río de Janeiro a San Juan pasando por un breve escarceo de cuatro minutos en São Paulo. El Clásico de América vivirá su tercer capítulo en la madrugada española del miércoles con Argentina y Brasil afrontando sin estrés y sin Neymar las jornadas finales de las siempre exigentes Eliminatorias Sudamericanas del Mundial de Catar 2022, pero con muchas cuentas pendientes y un buen ramillete de estrellas listas para brillar sobre el césped del Bicentenario. El duelo entre la Albiceleste y la Canarinha se trasladará a un escenario periférico situado a más de 1.000 km de Buenos Aires en el que no faltará la devoción ni la rivalidad típica de estos partidos.
Sólo desde esa rivalidad y ese respeto reverencial por el rival se entiende que Tite guarde aún sus cartas a pesar de haber arrollado en la fase previa a Catar 2022 en Sudamérica, dejándose sólo un empate ante Colombia en la asfixiante Barranquilla. Argentina, cuya clasificación matemática es cuestión de tiempo, tampoco se guardará nada. Lionel Scaloni recuperará para la causa a Leo Messi con los directivos del PSG torciendo el morro desde Francia, especialmente después de que trascendiera la lesión de Neymar. Scaloni es consciente de la luna de miel que atraviesa La Pulga con su afición tras haber conquistado la Copa América, y quiere seguir potenciando ese vínculo de cara a su asalto a un posible tercer Mundial en Oriente Medio. Para Tite, la calificación que merece este partido no admite dudas:
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"Lo va a ser ahora también por la calidad del rival, la calidad técnica y la rivalidad histórica", dijo también el técnico brasileño, en cuyo intachable currículum con la Seleção hay una piedra en el zapato de color albiceleste. De sus cinco derrotas, tres han sido contra Argentina, la única selección de la región que consigue mantener la igualdad en el cara a cara (tres victorias y tres derrotas) desde que Tite está en el banquillo. "Esto da una dimensión de cuán grande es Brasil-Argentina", dijo en rueda de prensa, esgrimiendo sus estadísticas como el controlador nato del juego que es.

Leo Messi (Argentina) y Fred Rodrigues (Brasil)

Fuente de la imagen: Getty Images

Sin duda, Brasil va a jugar con el gol de Di María en la final de la Copa América en el recuerdo, igual que los de Scaloni tendrán aún fresco lo sucedido dos meses atrás en São Paulo. Las autoridades sanitarias brasileñas asaltaron el protagonismo y el terreno de juego para frenar el Clásico de la Conmebol antes del quinto minuto de juego. El motivo no era otro que la intención de obligar a los jugadores procedentes de la Premier League a guardar una cuarentena obligatoria. Mientras los jugadores brasileños se mostraban incrédulos, Messi y Scaloni preguntaban a todos por qué no se tomó esa medida antes y se les permitió estar varios días. El bochorno de aquel esperpento recayó en la Conmebol y castigó a los aficionados al fútbol, que se quedaron sin la revancha de la final de julio jugada en Maracaná.
Será cuatro meses después, y con Brasil como visitante, cuando ésta tenga que producirse. Como siempre en el fútbol sudamericano, Argentina jugará sus cartas, alejando el partido de la capital con el objetivo sobre el papel de acercar la selección a todo el país y, de paso, condicionar a la Canarinha llevándolo a un estadio coqueto (25.286 espectadores caben en él) y remoto, seguramente menos estudiado que el Monumental, la Bombonera o cualquier otro estadio bonaerense. La batalla de la pasión ya la ganó Argentina, con más de 10.000 personas dispuestas a pasar la noche al raso en San Juan para conseguir una entrada: "Ojalá puedan ir muchos hinchas, pero las entradas son las que hay", dijo Scaloni.

Lionel Scaloni y Leo Messi (Argentina)

Fuente de la imagen: Getty Images

La sintonía entre las estrellas de ambas selecciones es cordial, como se pudo ver en la hora larga en la que no se supo qué ocurriría con el Clásico de São Paulo en septiembre. Cuando rueda el balón, no obstante, la fricción y las viejas rencillas están garantizadas, como se vio en aquellos infaustos cuatro minutos plagados de patadas y juego subterráneo antes de que los funcionaros invadieran el campo. Este miércoles -martes aún en Argentina- volverá a rodar en San Juan por 107.ª vez, y que nunca deje de hacerlo.
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