La eficacia de Ronald Koeman en las finales de Copa del Rey está fuera de toda duda. Sus dos apariciones en el partido decisivo por el título han terminado con triunfo para el neerlandés, que este sábado aspira a ganar su tercera Copa contra el Athletic después de protagonizar grandes remontadas ante Granada y Sevilla.
La primera Copa del Rey de Ronald Koeman fue la de la temporada 1989/90, en la que el Barcelona derrotó al Real Madrid, mientras que la segunda llegó en el curso 2008/09, en el que se hizo cargo del banquillo del Valencia tras la destitución de Quique Sánchez Flores en el mes de noviembre. Lo reseñable fue que en la primera, en la que formaba parte del Dream Team de Johan Cruyff, el puesto del Flaco en el banquillo estaba más que comprometido si perdía ante el Real Madrid, en aquel entonces gran dominador del fútbol español. Una derrota habría echado por tierra lo que cuatro años después fue uno de los proyectos más ambiciosos que se han visto en España y que han marcado la identidad y la historia reciente del Barcelona.
Cruyff, que se había hecho cargo del Barcelona en mayo de 1988, sólo había conseguido hasta ese momento la Supercopa de Europa de 1989. La falta de títulos empezaba a notarse y el hecho de apartar a Luis Milla de la dinámica de grupo no ayudó en exceso. Milla, al que muchos consideran el auténtico pionero de la posición de 4 en el Barcelona que luego Pep Guardiola elevó a la categoría de icono del barcelonismo, estaba intentando renovar su contrato, pero Cruyff no lo consideraba tan importante como parte del entorno azulgrana. En los días previos a la final de Copa, el Flaco optó por no contar con él para este decisivo partido, enrareciendo el ambiente.
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Ronald Koeman y Johan Cruyff (Barcelona)

Fuente de la imagen: Imago

Jugadores como Julio Salinas no se cortaban ante los medios al subrayar la importancia de Luis Milla, mientras que otros con menos peso en el vestuario, como Ernesto Valverde, pedían a los medios que no lo metieran en complicaciones con ese tipo de preguntas. Cruyff se limitaba a apuntar que había cierta exageración por parte de los medios, pero su posterior fichaje por el Real Madrid confirman que tras esas decisiones había algo más.
La final, disputada en Mestalla el 5 de abril, no pasará a la historia por la calidad futbolística que hubo sobre el terreno de juego, más bien todo lo contrario. En el once del Barcelona el dorsal 4 lo lucía Ronald Koeman, una de las caras nuevas de aquel mercado de fichajes, que había llegado después de proclamarse campeón de Europa y de la Copa Intercontinental con el PSV. La expulsión de Fernando Hierro por doble amonestación en el minuto 45 ayudó a los azulgrana, que decantaron la balanza en la segunda mitad con los goles de Guillermo Amor (Miquel Soler estaba preparado para sustituirlo en la banda justo cuando marcó) y Julio Salinas en el último minuto. El duelo fue áspero y bronco, e incluso desde las gradas llovieron objetos. Uno de ellos impactó en Andoni Zubizarreta, y tras el partido se encontró incluso una botella de whisky sobre el césped.
Con una pizca de suerte y la efectividad en la segunda parte, el Dream Team empezó a carburar aquella noche primaveral en Valencia. Ronald Koeman ya empezaba a mostrar que no se cortaba al analizar la actuación arbitral ("la expulsión de Hierro ha sido justa y nosotros ligeramente mejores y más fuertes que el Madrid") y junto a Michael Laudrup ambos alzaron su primer título como barcelonistas. Johan Cruyff se quedó, Luis Milla se marchó y a partir de la temporada siguiente empezó un ciclo triunfal de cuatro ligas que catapultaron la figura de Johan Cruyff al Olimpo del Barcelona. Todo estuvo colgando de un hilo en aquella bronca final en la que Ronald Koeman comenzó su idilio con la Copa del Rey que espera continuar 31 años después en La Cartuja.
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