Madrid, 17 abr (EFE).- Carles Puyol dejó para la eternidad escrito su nombre como uno de los centrales con mayor influencia en la historia de la selección española. El exponente de la furia del pasado en un grupo de artistas que conquistaron dos veces Europa y una el mundo. Se cumplen 18 años de su estreno goleador, un 17 de abril de 2002. Su último tanto, a Alemania en las semifinales del Mundial 2010, enmarcado entre los recuerdos más grandes de la Roja.

El gol nunca fue una de sus prioridades. Pese a la fortaleza en el cuerpo a cuerpo y la potencia de su salto. Marcó tres tantos en 100 partidos con España. El primero en una goleada a Irlanda del Norte en un amistoso de preparación del Mundial de Corea y Japón. Había debutado con la absoluta el 15 de noviembre de 2000, con derrota ante Holanda, y tras ocho internacionalidades, año y medio después, llegó su estreno goleador.

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Un terrible error del portero Taylor, que se llevó cinco esa tarde fría en el estadio Windsor Park de Belfast, permitió a Puyol marcar en la misma línea de gol el tanto de su estreno. Jugaba de lateral. Con el 2. El centro de la defensa era coto privado de un mariscal que ejercía liderazgo como Fernando Hierro acompañado por Miguel Ángel Nadal. Aunque a Carles siempre se le comparó en sus primeros pasos con José Antonio Camacho, por la raza que desplegaba en un lateral.

Polos opuestos en clubes, referentes del Barcelona y Real Madrid en distintas épocas, pero ciertas similitudes en el terreno de juego donde, por encima de todo, derrochaban coraje y eran ejemplo de máximo sacrificio. Y precisamente fue Camacho el que le abrió las puertas de la selección.

La historia de Puyol había comenzado en las categorías inferiores, tras pasar por la sub'18 y sub'21, uno de los pilares de aquella selección olímpica que se llevó la plata de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000. Y desde la disputa del Mundial 2002 se convirtió en indiscutible en la absoluta, referente en el centro de la defensa desde que Míchel Salgado entró al lateral derecho.

Escribió la historia de uno de los mejores centrales de la historia de la selección hasta que dio paso a una pareja difícil de mejorar, Sergio Ramos-Gerard Piqué. Un referente de jerarquía para ambos. Fue el séptimo futbolista de la historia del fútbol español en llegar a los cien encuentros internacionales. Justo el día que detuvo su reloj con España.

Ante Uruguay, en febrero del 2013, con una condecoración que nadie pensaba que al final fuese un homenaje. Las molestias con las que aguantó temporadas y una lesión de rodilla provocaron su adiós. 21 títulos con el Barça y los tres que dieron forma a la leyenda a la 'generación de oro' del fútbol español, las Eurocopas de 2008 y 2012 más la joya de la corona, el Mundial 2010.

En Sudáfrica firmó uno de los goles de su carrera. El tercero con la selección. Había marcado en otro triunfo a domicilio, frente a Estonia (0-3) en 2008, y tenía reservado el gran momento que desató el grito de rabia de todo un país. Ante un gigante como Alemania, en la semifinal en el estadio Moses Mabhida de Durban, se elevó por encima de todos, para cabecear el saque de esquina de su amigo Xavi con la potencia en la cabeza de un disparo con el pie. En carrera, sorprendiendo a todos desde atrás, se impulsó con la potencia de sus piernas y voló. Dejó pequeños a Khedira y Piqué, que pugnaban en el salto por impactar con el balón. Se lo llevo 'tiburón' Puyol que con el alma firmó un gol histórico que daba paso a España hacia la primera final de un Mundial en su historia.

Roberto Morales

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