España se pone en su sitio

España pierde ante Portugal y se vuelve a casa, como siempre, fiel a una historia de derrotas y descrédito. España, siempre sobrevalorada, se pone así misma en su sitio una vez más. Sin interés, sin ilusión, sin pasión, sin nada a lo que agarrarse, la selección es ahora mismo una encrucijada que hay que resolver de manera urgente.

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España pierde ante Portugal y se vuelve a casa, como siempre, fiel a una historia de derrotas y descrédito. España, siempre sobrevalorada, se pone así misma en su sitio una vez más. Sin interés, sin ilusión, sin pasión, sin nada a lo que agarrarse, la selección es ahora mismo una encrucijada que hay que resolver de manera urgente.
Madrid, 20 de junio.- Dos goles en tres partidos. Esa es la cuenta de resultados de España, que ya está de vacaciones tras una Eurocopa decepcionante. Una vez más, un gran campeonato ha puesto al fútbol español donde se merece. A día de hoy, y desde hace mucho tiempo, España es una selección mediocre, correcta en el mejor de los casos. El típico equipo donde 1 + 1 es incluso menos que 1. Un conjunto ramplón, que en las grandes citas se quita el disfraz. No hay Maltas, Chipres y San Marinos en las Eurocopas, donde se suda a fuego cada minuto, donde no se puede especular, donde no hay mala suerte. Se juega a lo que se es. Es así como España muestra el verdadero nivel de a lo que se juega aquí. Sin extranjeros, el fútbol español está en la mitad de la tabla de Europa, como queda demostrado cada dos años. Es una medianía.
Todo elló se refrendó en el José Alvalade, casi un campo neutral, donde España jugó de nuevo a lo mismo. Con un juego cansino, feo, abúlico, los de Sáez tiraron el partido a la basura. Enfrente estuvo Portugal, un equipo sufrido, triste, pero extremadamente profesional y combativo. Fue a por el partido desde el rincipio, bien liderada por Figo, que es un valor seguro. El madridista se fajó como un león, con inteligencia, con perseverencia, con la fiereza competitiva que le ha convertido en alguien en esto del fútbol. En el ocaso de su carrera, Figo salió ganador de otra batalla, con ese aire resignado, casi espartano que tiene el extremo. Su actuación fue otra vez emocionante. Con Figo, y también con Deco y con Ronaldo, Portugal le tiró el fútbol a la cara de España, que no sólo no recogió el duelo, sino que bajó la vista, timorata, asustada, lánguida. Rehusó el combate. Por no haber, ni siquiera hubo un arrebato final, alguien fuera de Puyol que apelara a la heroica. Fue un final triste, decepcionante, pero anunciado. Ni siquiera las noticias de la victoria de Rusia ante Grecia animaron a la selección, que ya había perdido de salida.
Porque España tiene que revisar su modelo. No es descabellado tumbar al fútbol español en el diván, porque hay que sacarlo de la confusión. No se juega a nada. Se parte siempre del concepto de lo académico, de lo políticamente correcto, del toque, de la presunción de extrema calidad de los futbolistas españoles, para caer en el medio de la nada y constatar que la mentira se retroalimenta. Es lo académico por un extremo, y la furia, un concepto muy dañino para la selección, por el otro. En medio de un debate de nombres de futbolistas y entrenadores, lo más importante, el juego, está apartado en un rincón. No hay una propuesta concreta, no se jeuga a nada, y ni tan siquiera hay un Plan B para cuando las cosas van mal, algo cada vez más frecuente. Fue triste ver cómo Sáez daba entrada a Morientes para cazar algún balón suelto, mientras Valerón se pudría en el banquillo. Además de caer, para qué intentar jugar al fútbol.
Los que tienen que reflexionar son los futbolistas, la causa principal de la debacle. A este paso, su crédito con la hinchada para citas futuras será un milagro. Causa sonrojo que se negocien primas millonarias y dos semanas después se haga mutis, dejando a millones de aficionados en medio de la decepción. Y luego se quejan de que en España la afición sea de clubes. Están absolutamente sobrevalorados, salvo pocas excepciones, y su caché se mantiene curso a curso por sus compañeros extranjeros de la liga. Por cada Raúl hay un Zidane, por cada Albelda un Ayala, por cada Valerón un Mauro Silva. España no puede seguir así. No se pide que se gane, pero sí que se caiga con orgullo. Y se pierde, que sea con audacia, con estilo, sin miedo. Si se pierde, que se pierda, por qué no, con el corazón.
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