Más que penaltis o goles fallados o incluso los mal defendidos, seguro que les viene algún nombre a la cabeza, en el ente federativo ha dolido el fuego amigo criticando el estado del césped de La Cartuja, que es un agujero negro en el acuerdo con la Junta de Andalucía. Te hacen el favor de presentarse como alternativa a la frustrada sede de Bilbao, previo pago de una módica cantidad, y se llevan un sopapo público que ha dejado tiritando las relaciones.
El seleccionador nunca fue diplomático, o más bien corporativo, y cantó las cuarenta ante los medios. El enésimo dislate federativo, nada nuevo en el universo Rubiales, encender el ventilador de la porquería cuando lo mejor está por venir y luego echarse las manos a la cabeza por el alboroto.
Parece claro que España ha entrado de nalgas a esta Eurocopa, que la lista estaba confeccionada con pinzas por Luis Enrique, dejando fuera a jugadores que saben cómo desenvolverse en las grandes batallas; es verdad que en los dos primeros partidos, ante Suecia y Polonia, no ha encontrado el trazo de su fútbol, al menos con continuidad y que nuestros delanteros ven la portería rival muy pequeñita; también sabíamos que nuestra defensa iba a tener una buena salida de balón, pero defensivamente poca contundencia, porque todos los centrales de ese perfil están viendo los partidos por televisión; puede ser que el equipo transmita tan pobres sensaciones que haya quien se está desenganchando porque Luis Enrique no conecta o porque decidiese no convocar a ningún jugador del Real Madrid. Nacho tiene más horas de vuelo en partidos trascendentales y ante delanteros temibles que Pau, Laporte y Eric García juntos.
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La España de Luis Enrique: Ni enamora ni gana

Dicho esto, y escrito antes de la Eurocopa por cierto, hay que mutar el mensaje del sinvivir que ha sido ver a España estos dos partidos por el revivir, creyendo que es posible, que se le puede dar la vuelta a la tortilla y hacer todavía un buen papel en esta Eurocopa. El fútbol siempre tiene que ser esperanza e ilusión. Puede que los resultados no se den y, entonces, será el momento de pensar en qué hemos fallado, pero seguimos con vida y nos jugamos ante Eslovaquia nuestra primera final.
El entorno apocalíptico no ayuda. Rubiales ya ha demostrado que se mueve mal en el alambre. Si pasamos de estar entre los seis favoritos, Luis Enrique dixit, a los seis eliminados será el momento de poner el grito en el cielo y de pedir explicaciones. Ahora toca empujar, sin obviar la realidad.
Uno cree que sería algo más sencillo con Azpilicueta en la zaga, Llorente en la medular y Oiarzabal, que tiene gol, por detrás de los puntas. Es el momento de apoyar. Sin margen de maniobra, sólo vale ganar. La historia demuestra que, desde la adversidad, hay selecciones que lograron cotas impensables, como la Italia del 82 o la Portugal que conquistó este mismo título en 2016. España, en la vida como en el fútbol, no es un barco al que subirse según quien lo capitanee.
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