La carrocería de Leo Messi

Nunca se han sentido los efectos de la globalización con tanto rigor como cuando Messi abandonó lesionado el Camp Nou y dejó al público en estado de shock. Las televisiones, las que emitían el partido y las que no, las redes sociales, las radios y las redacciones de los periódicos echaban humo.

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Manos en la cabeza, tirado en la camilla, se retorcía de dolor, angustiado, pensando en la posibilidad de enfrentarse a una lesión de gravedad. 'Pensé lo peor, que podía ser la última pelota que iba a tocar en mucho tiempo'. El día que aspiraba a batir el récord de Müller, salió en camilla. El mundo se detuvo por un momento. El culé contenía la respiración. El mejor del mundo podía quedar fuera de combate. La mayoría se lamentaba y una minoría, por desgracia, festejaba la posible desgracia ajena. Las tripas del Camp Nou eran un hervidero de información y los doctores del Barça eran foco de noticia. El parte médico alivió a los azulgrana. Apenas era un golpe, una contusión en la cara de la rodilla y se descartaba una lesión grave. La carrocería de Messi seguía intacta, a salvo de una lesión de gravedad. Leo Messi respiraba aliviado. Nadie mejor que él sabe lo que ha tenido que pasar por culpa de las lesiones, su infierno más temido. Hubo un tiempo, no muy lejano, en el que casi acaban con su carrera.
Músculos en tensión. Su talón de Aquiles consistía en un exceso de tensión muscular que aceleraba su fatiga y le penalizaba por hacer esfuerzos de manera continua. Sus lesiones, reincidentes, llegaron a poner en serio peligro la estabilidad del argentino. Sus piernas, una réplica de las de un velocista de atletismo, tienen explosividad y potencia máximas, algo que le condenan a un desgaste excesivo, que eleva el riesgo de que sus músculos se resientan. En términos médicos, las piernas de Messi presentan una cantidad abundante de las denominadas 'fibras rápidas' en sus músculos. Hubo quien se empeñó en argumentar que Leo obtuvo esas 'fibras rápidas' por aquel tratamiento a base de hormonas al que tuvo que someterse cuando era niño. Nada más lejos de la realidad. Messi nació con ellas en las piernas y las potenció aún más en los entrenamientos. Otra cosa bien diferente es que aquellas inyecciones durante su infancia tuviesen algo que ver con ser la causa de sus problemas musculares. En su día, su familia, para evitar un futuro problema de enanismo de su hijo y resolver su retraso de crecimiento natural, decidió recurrir a ese tratamiento con la hormona de crecimiento recombinante (HGH). Nada ilegal, ya que las autoridades sanitarias señalan que quienes presenten dicho retraso de crecimiento, el mismo diagnóstico que Leo, pueden acudir a ese tratamiento bajo supervisión médica. Según un detallado informe del periodista Martí Perarnau, Messi recibió las sesiones de HGH estipuladas de manera legal por el tratamiento: entre 0,025 y 0,035 miligramos-kilo cada 24 horas. Un dato clave para aquellos que, bien por desconocimiento o bien con ánimo de difamar, juegan a relacionar la figura de Messi con el dopaje. Las dosis de HGH que utilizan quienes se dopan, superan entre ocho y diez veces las dosis que recibió Messi cuando era un crío. Y quienes se suministran esas inyecciones no son precisamente niños, sino adultos.
Historial de lesiones. En cambio, es posible que ese tratamiento provocase efectos secundarios en la carrocería del jugador del Barça, porque aunque fue clave para hacer crecer sus huesos, generó un desequilibrio que provocó que sus músculos estuviesen expuestos a más tensión de la normal. El doctor Josep Borrell, ex-jefe de los servicios médicos del Barcelona, asumió esa posibilidad en el diario Público: "El hecho de haberse tratado con hormona de crecimiento en el pasado le ha generado tensión muscular extra, eso facilita las roturas. El músculo está sometido a mucha tensión, es corto y necesita curaciones completas". Es decir, Messi esprintaba con gran potencia y explosividad, como un corredor de 100 metros lisos, pero se resiente en cuanto a su resistencia, sufriendo fatiga muscular por falta de elasticidad, cargando sus isquios y sus músculos más de la cuenta. Eso era lo que le ocasionaba múltiples lesiones y roturas. Un historial de lesiones que hizo peligrar su carrera: en febrero de 2006, elongación muscular ante el Atlético y dos semanas fuera; un mes después, nada más reaparecer, rotura de cinco centímetros en el bíceps femoral ante el Chelsea, lo que le tuvo 2 meses y medio en el dique seco. En octubre de 2006, esguince de tobillo ante el Real Madrid y siete días de baja; y en noviembre de 2006, fractura del quinto metatarsiano del pie izquierdo y dos meses y tres semanas fuera de combate. En septiembre de 2007, contractura en los isquios después de un Australia-Argentina; tres meses después, rotura del bíceps femoral ante el Valencia y baja durante 34 días; en marzo de 2008, otra vez, rotura del bíceps femoral ante el Celtic, lo que sirvió para que Messi se marchase del campo llorando y con un nuevo periodo de baja de seis semanas. En tres temporadas, Messi se pasó 210 días lesionado, fuera de combate.
Interiorizar el cambio. Después de un minucioso análisis, el equipo médico del Barça estimó que debía administrar sus esfuerzos, midiéndolos más, para protegerse de las lesiones y estirar su rendimiento, para poder jugar 50-60 partidos por temporada. Sólo a través de un trabajo sordo, de la concienciación del problema y de hacerle ver que debía cuidar su cuerpo y hacer esfuerzos que no le pasasen factura, podría corregir ese carrusel de lesiones. Su desgaste acumulado en sus primeras temporadas, donde apenas tuvo reposo porque disputó más de 200 partidos entre 2008 y 2011, señalaban que debía exigirse mucho menos en el campo. O al menos, medir mucho más sus esfuerzos, espaciándolos durante los partidos. Algo complejo de interiorizar para Messi, un futbolista que jamás quiere perderse partido alguno, sea trascendente o no, y que es reacio a tomarse descansos para relajarse. No le ha quedado otro remedio que someterse voluntariamente al plan aconsejado por los médicos. Sin ir más lejos, tras la final del Mundialito en Japón, se le ordenó un reposo total para no romperse. De no haber parado, su concurso habría sido seria duda para el final de temporada, por la fatiga de sus músculos y sus 'fibras rápidas'.
Prevención, trabajo y Juanjo Brau. Existe un antes y un después en las lesiones de Messi. Antes de Guardiola y después de él. Cuando Pep llegó, el argentino había sufrido un calvario en el bíceps femoral y tenía problemas musculares agravados por mala alimentación, regresos apresurados y falta de previsión a la hora de medir sus esfuerzos. El Barça concluyó que era necesario un plan de prevención. Si Messi corregía sus impulsos y ordenaba sus esfuerzos, duraría más y reduciría su índice de lesiones por culpa de la fatiga muscular. Ahí entró en escena el fisio Juanjo Brau, que pasó a convertirse en su sombra, en Barcelona, en Argentina o en cualquier rincón del mundo donde Messi tuviese partido. Como si fuese su ángel de la guardia. Brau diseñó un plan intensivo para potenciar su musculatura, que hoy día sigue vigente: cada día, el argentino estira durante 40 minutos antes del entrenamiento, haciendo ejercicios preventivos de 30 minutos una vez ha finalizado la sesión. El objetivo: crear un hábito de trabajo, prevenir la fatiga y relajar sus músculos, logrando una puesta a punto vital para el cuerpo de Messi. Un trabajo mecánico, rutinario, pero necesario y efectivo, para acostumbrarle a proteger sus músculos y alcanzar una curva mayor de rendimiento y número de partidos. Messi trabajó con profesionalidad y dedicación absoluta. Sólo a través de la disciplina y ese plan específico, logró paliar sus lesiones y dar un giro radical a su dimensión como crack mundial.
Correr menos, comer mejor. Hoy ha variado hasta su modo de correr. Ya no es una fuerza de la naturaleza que siempre juega con la quinta velocidad puesta, sino que ha aprendido a seleccionar su velocidad, a recuperar después de cada esprint y a calcular qué tipo de esfuerzos debe hacer para permanecer durante más tiempo en el césped. Ahora juega 60 partidos por temporada. Un cambio brutal. Eso le permite anotar más goles, sumar más pases y estar siempre disponible. Los datos están ahí: una vez que cambió su estilo de juego y pasó a trabajar con Brau, en cuatro años con Guardiola, Messi apenas sufrió una elongación en el abductor, una sobrecarga y una distensión del ligamento del tobillo, producto de una entrada de Ujfalusi en el Calderón. También ha variado su forma de comer. Desde que Guardiola se hizo cargo del equipo, la dieta del equipo y a la sazón de Messi, pasó a ser controlada, según reveló el periodista Luis Martín en El País: menús a base de verduras, arroces, carnes y pescado. Además, complejos vitamínicos y batidos preparados al final de cada entrenamiento, compuestos de 300 mililitros de hidratos de carbono y proteínas, para dar de comer a las fibras del músculo. para recuperarse del esfuerzo físico cuanto antes. El cambio es sintomático: Messi ha pasado de vivir tres años de lesiones traumáticas a cuatro sin apenas percances.
Puesta a punto, pretemporada completa. Durante su periplo en el primer equipo culé, Messi apenas ha podido tener la misma preparación que el resto de sus compañeros. En la campaña 2005-2006, Messi no pudo completar la pretemporada y tuvo que disputar el Sub-20 con Argentina. En 2006-07 se incorporó 15 días más tarde que el resto ya que participó en el Mundial de Alemania. Un año después, La Pulga llegó al Barça el 7 de agosto, después de haber jugado la Copa América con su selección. En 2008-09, ya con Guardiola como técnico, tampoco pudo completar la pretemporada, ya que se perdió un mes de preparación física con motivo de los Juegos Pekín. Un año más tarde, a pesar de tener permiso del club para descansar más, Messi acortó sus vacaciones y decidió hacer su primera pretemporada completa con el club, en Londres: aquel año el Barça ganó seis títulos de seis posibles, redondeando la mejor temporada de toda su historia. La pretemporada 2010-11 tampoco fue la deseable. Se incorporó después del Mundial de Sudáfrica y llegó justo para emprender la gira asiática que el club había programado. Y en 2011-12, otra vez, jugó la Copa América, regresando al Barça después de sólo 14 días de vacaciones, demasiado poco. El curso pasado completó 69 partidos. Nunca jugó tanto. Ahora, después de 36 días de vacaciones completas, llega en pleno vuelo, tras haber completado una pretemporada completa. Después de la falsa alarma ante el Benfica, libre de sus fantasmas en forma de lesiones musculares, Messi está en perfectas condiciones físicas. Su carrocería sigue intacta y él sigue en pleno vuelo.
Rubén Uría / Eurosport - Fotos: Web Oficial FC Barcelona
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