Dos temporadas son las que ha firmado el delantero argentino con el Barça en una operación de estética fina del club catalán. Además de acabar contrato y no tener que desembolsar un euro por el traspaso, el Kun es amigo de Messi, ídolo para la historia del City de Guardiola, fan de Independiente de Avellaneda, en su día fichaje estelar del Atleti, padre de un nieto del D10S Maradona, rebelde con causa, anhelado por Florentino Pérez, cameos en el cine, medalla de oro Olímpica, bicampeón mundial sub-20, esporádico cantante, atragantado de títulos con la albiceleste en categoría absoluta, diecisiete trofeos (cinco Premier y una Europa League con el Atleti, como copas más destacadas), extranjero con más goles en la Premier League inglesa… son algunos de los aspectos a destacar para quien este miércoles cumple 33 años. Es cierto que aterriza en Barcelona en el tramo final de su carrera… pero ya han visto como se las gasta Luis Suárez en Madrid. Y es que Sergio Agüero utiliza el mismo calibre de bala que el uruguayo.
Agüero era un niño desconocido en Europa que el Villarreal trató de pescar con sigilo en Avellaneda. Es cuando el Atleti se adelantó en el camino, y con dificultad puso la guita y lo convirtió en una esperanza para los atléticos. Era el lejano verano de 2006. Era un club que zigzagueaba en un incierto presente, que no terminaba de alcanzar la exigencia de su historia. Era una entidad castigada por el presagio de Luis Aragonés: “tardará casi una década en volver a ser grande”. Y el sabio, una vez más, acertó. Mientras tanto, Agüero revoloteaba en Madrid descubriendo una vida diferente y millonaria. Poco a poco fue creciendo y asimilando el nuevo rol que lo convertía en la nueva imagen de una entidad que habitaba huérfana de estrellas. Tanto que después de cuatro años, en plenitud, renovó su compromiso rojiblanco con una cláusula que en aquella época asustaba: 45 millones de euros. Nadie imaginaba que alguna sociedad sería capaz de modificar el cariño y agradecimiento al club que apostó por él. Pero apareció Florentino y su todopoderoso Real Madrid.
El verano de 2011 se presentó agitado para el hoy delantero del FC Barcelona. Pese a lograr dos títulos en el Atleti, el Kun quería más y cayó en la tentación. Florentino y Mourinho envalentonaron al goleador, que buscó salir por peteneras públicas alegando el irrefrenable deseo de abandonar el Manzanares. En un claro error de estrategia, por precipitado, el Real Madrid acabó perdiendo fuelle, y Agüero la propuesta. La historia reveló que Pérez se retiró de la puja porque no quiso disputas con el vecino, cuando éste evitó negociar. Entonces, tirado en la cuneta, sólo le quedó refunfuñar ante lo que se le presentaba. Descontento con la opción de firmar por el Manchester City, el Kun llamó a un empleado rojiblanco. Ni corto ni perezoso le explicó que estaba dispuesto a pedir perdón al club y a la afición, a culpar a sus asesores y a rectificar. Tras la posterior consulta, la respuesta de la dirección general resultó contundente: “que traiga el dinero de la cláusula y que le vaya bien”. En esos días se había roto la cordial relación del ídolo con una afición que lo apoyó incondicionalmente hasta convertirlo en el rey del grupo.
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Se había producido el viaje de ida, pero hubo oportunidad para encontrarse en un siguiente viaje de vuelta. Todo lo organizó Antoine Griezmann cuando, siete años más tarde, coqueteó con el Barça y el Kun vivía ofuscado en Inglaterra porque su relación con Guardiola no era de lo más óptima. El francés meditaba si seguir (que siguió) en la plantilla atlética y el departamento de fútbol rojiblanco peinaba el mercado. La primera pregunta era saber si el argentino (que resultó el elegido) estaba dispuesto a recalar otra vez en Madrid. Pero con la relación rota, tocaba ser restablecida. Además, el estado anímico de Agüero buscaba un cambio. Una grave lesión de rodilla lo mantuvo en Barcelona recuperando para alcanzar el Mundial de Rusia’18. Pero la relación entre el Atleti y Sergio, cuando llegó este momento, ya estaba mejorada. El dirigente-propietario y el jugador habían mantenido un encuentro en los vestuarios del Etihad de Manchester tras un City-Tottenham, donde el Kun había sido el gran protagonista tras anotar cuatro goles.
Con las puertas del Atleti abiertas, sólo faltaba esperar al visionado del documental de Griezmann y comprobar la resolución. Aquél “me quedo” del francés impidió la oportunidad del retorno. Agüero se sintió comprendido, siendo consciente de que la opción de salir era remota y que debía ser peleada. Estaba dispuesto, pese a que Guardiola, que mantuvo diferencias deportivas con él, siempre entendió que era un jugador a esperar. Tres años más tarde separaron los caminos y casualmente el argentino termina en el club que dirige el presidente que apostó en su día por el técnico del City. Ya no aguardaba el Atleti. Esta vez ya no le llamaron para volver, quizá porque Sergio solo tenía ojos para un destino. Por eso, hoy sólo nos falta saber si Messi terminará o no jugando, por fin, junto a su amigo del alma.
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