La hora de Peter Lim

Arde Valencia, una vez más. Y como de costumbre, hay quien, por amor al club, ejerce de bombero improvisado y quien apaga el fuego con gasolina. Maneras de vivir. No hace mucho la pelota entraba y el equipo era reconocible, así que el fuego no crepitaba.

Eurosport

Fuente de la imagen: Eurosport

Hoy que el balón es esquivo, que el entrenador comete errores y la plantilla se ha instalado en la duda, el incendio parece descontrolado. En este arranque, Nuno ha cometido todos los errores que un entrenador de primera fila puede cometer y sus futbolistas, que no deberían irse de rositas todos los que profesionales de su presunto nivel tienen prohibido cometer. El futuro del equipo es simple: parafraseando a Al Pacino en su famoso discurso de Un Domingo cualquiera, o se curan como equipo o morirán como individuos. Juntos, unidos, en lo bueno y malo, todos son responsables. Que nadie se ponga en el primer lugar en la victoria y pretenda ser el último de la fila en la derrota. O recuperan el ardor guerrero y la actitud o acabarán sepultados por la negatividad. De ellos depende.
El equipo ha ingresado en el quirófano. Conviene tirar de bisturí y erradicar cualquier brote de metástasis. El origen del cáncer nunca ha sido de índole deportiva. La enfermedad tiene su génesis en una crisis institucional recubierta del chapapote del pasado y la sospecha del presente. Uno puede entrar en el Valencia, pero puede que el Valencia jamás entre en él. Peter Lim aterrizó en Valencia porque muchos que decían servir al club se sirvieron de él y porque su oferta era mejor que la de cualquier fondo buitre. Compró el club, impulsado por Salvo, mientras la afición se debatía entre recelo o funeral. Fue lo primero. Muchos pensaron: mejor desconocido con fama de solvente que un valenciano que dejó el club hecho un solar y se llevó hasta el solar. El de Singapur se hizo con el club, Bankia tuvo el dinero que jamás soñó cobrar y el club tomó la senda del mal menor, la del fármaco con contraindicaciones. Una hoja de ruta donde Mendes propone y Lim dispone; donde Nuno, primero entrenador y ahora pluriempleado, goza de gran concentración de poder. Así que, después de un verano convulso, del adiós de Salvo y Rufete y de las palabras de un icono como Kempes, más allá de la pelota y del resultado, el aficionado no termina de confiar en la estructura del proyecto. Esa es la verdad. Al final de la película, todo es una cuestión de confianza.
Hasta la fecha, el dueño, mucho dinero y poco oído, ha prestado 100 millones de euros al Valencia. El verbo es prestar, no poner. Suficiente para unos, nada para otros. La pregunta del millón es ¿qué necesita el valencianista, el que aprueba y el que censura, para tomar en serio el proyecto Lim? Fácil de decir, difícil de hacer: que el propietario, aparte de prestar, sea capaz de poner dinero e invertirlo en el club, a fondo perdido, sin esperar retorno. A día de hoy, el VCF ha rebasado el límite del Fair Play Financiero, cuestión relevante para el futuro del club. Entre otras cosas, porque alguien tendrá que sufragar ese gasto. En unas horas, la opinión pública conocerá el nuevo reparto de los derechos de televisión, en el que el Valencia pasará a cobrar entre 45-48 M€ anuales. Si eso es suficiente para hacer frente al desfase del Fair Play Financiero, Peter Lim no tendrá que acudir a una ampliación de capital. Si por el contrario, esa cantidad no pudiese paliar el citado exceso, tendría que afrontar una capitalización, que consistiría en poner la cantidad excedida, multiplicada por cinco. La solución es inminente.
En cualquier caso, más allá de si el dinero de la televisión alcanza para pagar el haber rebasado el tope financiero exigido o no, Lim tiene una oportunidad de oro para ganarse el apoyo incondicional de la afición, tanto de los que confían en su gestión, como de los que llevan meses deseando que fracase. Ahora, que el Valencia atraviesa un momento deportivo delicado, es el momento ideal para emprender esa capitalización. Poniendo, que no prestando, su dinero. Que sean 50, 55, 80 o 100. Si se rasca el bolsillo, ni sus fiscales más recalcitrantes podrán negarle su iniciativa. De lo contrario, si persiste en prestar y no poner, la confianza en el proyecto seguirá en el aire. El dinero, el que hace pobre al rico y rico al pordiosero, es el quid de la cuestión. Los fichajes de Mendes, la gestión de Nuno y la actitud de los jugadores son un daño colateral del mal endémico, que es el nivel de confianza de la gente. Peter Lim, que es el responsable máximo de los fichajes, de la gestión y del organigrama, que tiene la última palabra en si Mendes hace o deshace y en si Nuno llega, renueva o se marcha, tiene que decidirse. Si demora la ampliación, la institución seguirá siendo frágil y vulnerable, y a cada mal resultado le sucederá la indefinición crónica de los despachos. Por el contrario, si pone parte de ese dinero que parece tener por castigo, los resultados, buenos o malos, no podrán alterar la paz social ni el futuro del club, porque los aficionados sabrán que saltan con red. Turno de Peter Lim.
Rubén Uría / Eurosport
Únete a Más de 3 millones de usuarios en la app
Mantente al día con las últimas noticias, resultados y deportes en directo
Descargar
Compartir este artículo
Anuncio
Anuncio