Diciembre negro de cero puntos en la Liga, desesperación que lleva a ver crecer brotes verdes de las derrotas, algo impropio de un equipo campeón y revelador de estos nuevos tiempos de zozobra.
Así que solo se va acrecentando la decepción interna dando por sentada la externa, que es lo habitual en cualquier circunstancia, con el cepo de caza contra el entrenador activado permanentemente. Y como la vida es lo que pasa mientras se hacen planes, toca más que nada diagramar la reconstrucción antes que hacer leña del árbol caído. A tiempo se está de ello (toda una vuelta liguera y mucha Champions en el horizonte no tan lejano) aunque parezca quimérica la misión.
Porque los jugadores (como Joao Felix, ya era hora de que jugara como una estrella, que cobrar sí cobraba como tal) son los que a fin de cuentas deciden en el campo por muchas teorías que nos hagamos. Y futbolistas los hay. Y muy buenos, buenísimos, quizás la mejor plantilla de la historia rojiblanca aunque sea motivo de escarnio tamaña consideración justo ahora. También lo era el plantel que descendió al Atleti en 2000. Otra cosa, se empieza a intuir, son las ganas de algunos futbolistas tóxicos de seguir aguantando al implacable Diego Pablo Simeone, la leyenda, el comandante, diez años ya al frente de una nave competitiva como nunca con el daño para otros que eso ha supuesto.
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Ganar dos Ligas seguidas no es tan fácil. El último fue el Barça de Valverde, el último Barça fiable, entre 2017 y 2019. El Real Madrid, el favorito de todos (no sólo por ir el primero, también por las filias cada vez más descaradas de su masivo entorno que todo lo cubre), no lo consigue, por ejemplo, desde 2008. Harán catorce años en una semana.
Entonces, Bernd Schuster culminó con otro entorchado el éxito previo de Fabio Capello, el mismo al que un personaje con su tintineo de hielos afeó un día en un asador querer llevarse a Ronaldo Nazario al Milan. Capello, al que el madridismo debe un potosí (dos, mejor dicho) por sus dos Ligas con plantillas de esforzados e incluso tres porque fue el técnico del Milán que destrozó al ‘Dream Team’ de Cruyff con el 4-0 en la final de Atenas.
Lo fastidiado para el Atleti, en realidad, es que su nuevo papel secundario lo decidan por él sin preguntar, como está haciendo por si acaso el estamento arbitral esta temporada con el mal trato continuado (y demostrable jugada a jugada) al campeón de Liga. No iba ser posible en ningún caso, porque no le tocaba repetir título y dejar a otros de nuevo a cero, pero por si le diera por intentarlo. Es lo que parece por momentos.
El caso es que la puerta está abierta. Bueno, siempre lo está. Para Simeone y para todos. Lo realmente insano, que lo es, es la presión para quien se ha ganado mil cielos, algo que muchos no pueden entender. Aprietan, luego existen; resistir, más que nunca. Porque Simeone volverá a mostrar la puerta de salida a los inadaptados a su manera de ganar. Que, increíblemente, los hay. Otro ejemplo más de que si le haces un favor a alguien, encima, no te lo perdonará en la vida, axioma paterno que se cumple con la fiabilidad de un reloj de cuco en todos los ámbitos por los que transita la condición humana. En el fútbol, en el Atleti, en todas partes.
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