Los personajes como Maradona tienen vidas fascinantes. Hay un axioma en la vida que dice que uno de verdad, de verdad, fallece cuando dejan de hablar de ti o de recordarte, a nivel popular y/o familiar. Maradona, en ese sentido, sigue vivo, muy vivo porque continúa on fire en la atmósfera social, siendo referente y despertando interés en todo el planeta.

Diego Maradona

Fuente de la imagen: Imago

Uno se pregunta qué habría sido de Maradona con una vida ordenada. Fue un chaval enamorado del fútbol. El balón fue su gran pasión. Y generoso. Hay una escena cinéfila en el relato de su historia que expresa su sensibilidad, cuando va de Robin Hood, roba un balón de cuero, sale dominando la bola con arte de un potrero y sale corriendo hacia otro campito con la ilusión de regalarles esa pelota reglamentaria a su amigos, sin recursos, que tratan de jugar con un balón roído y desgastado.
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En ese ejercicio virtual y de ciencia ficción de trasladar al Maradona pletórico a nuestros días, Diego habría disfrutado de una vida infinitamente mejor. Maradona vivió una etapa volcánica de la vida donde los cubes no disfrutaban de la seguridad y el blindaje de hoy en día. Siempre aparecía rodeado de cientos de personas, desde que se levantaba hasta que se iba a dormir por la noche.
Hoy en día, los futbolistas de élite viven en una burbuja. Tienen vigilantes de seguridad por todos los lados. Salen cómodamente en sus coches, no se cruzan con nadie en los aeropuertos, no tienen obligación de atender a la prensa. Ser futbolista hoy es un chollo. Maradona no pudo disfrutar de este fútbol de glamour y organizados que permite ahora modular la vida con una tranquilidad pasmosa.
Da lástima verle en ese viaje en el tiempo, observar su vida asilvestrada, quitándose de encima miles de personas que le tocaban como si fuera un Dios que al tocarle se obrara un milagro en sus vidas, sin privacidad.
Estos días se puede ver en Madrid a ilustres agentes de futbolistas con motivo de un gran Congreso que ha organizado Pedro Bravo. Tipos como Raiola, que lleva futbolistas top como Ibrahimovic, Pogba o Haaland; o Barnett, que representa los intereses de Gareth Bale.
Personajes que son multimillonarios y que viven cómodamente con polémicas de andar por casa, conflictos light, infantiles a menudo, relacionadas sobre si sus jugadores tienen más o menos minutos, pequeños chismes, bobadas, sin importancia.

Diego Armando Maradona.

Fuente de la imagen: Getty Images

Uno se pregunta cómo vivirían en sobresalto y permanente agonía si alguno de ellos hubiera sido apoderado de Maradona, intentando resolver sus conflictos deportivos y personales. Eso sí que era una ardua tarea, una mochila sólo apara para ejecutivos geniales, que igual ni existen en el mercado. Aquel desafío de ordenar su vida exagerada, era una tortura.
Un día conocí a Maradona en un gimnasio en Madrid, al lado de la Plaza de Castilla. Intentaba ser feliz y ponerse en forma, rehabilitar su vida. Me lo presentó Roberto Gómez, al que Diego trató con enorme cariño. Tomamos un café al lado de su agente Guillermo Coppola. Y me quedé con el recuerdo de un tío natural, sin filtros, desprendido. Hablaba de todo, con libertad, sin conocerte.
Uno ve en esta década a Leo Messi, a Cristiano, a Mbappé, a Benzema ... jugar pensando sólo en jugar al fútbol y se plantea qué hubiera sido de Maradona en un gran club hoy, con todo un ejército de ayudantes dirigiendo su vida, y dedicado única y exclusivamente a entrenar y jugar.
Si hoy es considerado el número uno, con ese manto de protección, su status hubiera sido infinitamente superior. El paisaje del fútbol ha cambiado tanto desde el año 86 cuando Maradona ganó el Mundial, siendo cosido a patadas, que en una tertulia seria, seguro esbozaría una sonrisa de asombro y mofa, cuando pudiera escuchar que los futbolistas de hoy reciben leña. Un año sin Maradona, pero con su figura más viva que nunca.
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