Justo en un paisaje actual del fútbol donde jugadores como Benzema, Modric y un puñado de futbolistas celebrities prolongan su vida activa rozando los 40 años, el PSG ha decidido no sentar en su mesa a Neymar, que desde su salida del FC Barcelona, ha pasado inadvertido por el mundo del fútbol de elite.
En 2017, el PSG se gastó 220 millones de euros en su fichaje. Lo sacó del FC Barcelona con un talón del que se arrepintió muy pronto. Fue una contratación sin rentabilidad, que apenas dio éxito en un club donde el público adoraba a Cavani, antes de la explosión y el circo de Mbappé. Neymar nunca entró de verdad en el corazón del Parque de los Príncipes.

Neymar, en su presentación con el PSG en 2017

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El PSG esperaba alguna noche mágica. Un guiño al gran gambetador que fue en alguna visita al Bernabéu. Pero nunca llegó un regate mágico, una finta soñada, un resultado que justificara el desembolso descomunal del PSG, que le firmó para ganar una Champions y ahora en el 2022 está loco por rescindir su contrato.
Imagino la lección de humildad que estará sufriendo Neymar estos días. Sus aduladores, los pelotas que viven de él, le dirán que sigue siendo el número uno, que le tienen manía y que no han sabido valorar su talento. Un ejército de gente que le monta fiestas, que le saca billetes de avión, que le hacen la compra, presuntos asesores que vuelven locos a los futbolistas y que acostumbran a meterlos en una burbuja.
Bienvenido a la realidad Neymar. Transfermarkt, antes de conocer la decisión del PSG, lo valoraba en 75 millones de euros. Si se aplicara el mercado bursátil, de 220 a 75, un valor generoso, el terremoto para cualquier compañía sería brutal. A muchos brasileños y admiradores de Neymar les entra un ataque de nostalgia. Uno recuerda el año 2010, jugando en el Santos, viendo por la tele el famoso anuncio de la empresa de embutidos brasileña Seara. Los más jóvenes lo pueden buscar en Youtube. Un Neymar juvenil, al lado de Robinho y de Ganso, su amigo del Santos, realizaban malabares con la pelota al ritmo de ‘Single Ladies’, el éxito de la época de Beyoncé. Puro espectáculo con la bola. Mirada limpia, sin contaminar, su rostro reflejaba sueño de futbolista.

Messi y Neymar con el PSG

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Eran tres chicos felices. Con una sonrisa perfecta. Tres niños que se iban a comer el mundo. Ninguno de ellos acertó con su carrera deportiva. Empujados hacia el abismo y posiblemente sin gente preparada a su lado, han dado vueltas al tiovivo del fútbol sin un rendimiento óptimo, sin ser protagonistas en el césped. Hay que buscar responsabilidad en la gente que gestiona las trayectorias de tipos grandes, que pueden acabar en juguetes rotos. Aunque en sus cuentas corrientes tengan oro.
Estos días se cumplen 40 años del Mundial de España. Posiblemente se vio en el Mundial del 82 una de las selecciones de Brasil más bonitas de toda su historia. No le hizo falta ganar para estar en el corazón de los aficionados. Levantó el título Italia con Tardelli en el Bernabéu. Pero Brasil fascinó al planeta con tipos como Junior, Sócrates, Falcao, Eder… ¡Qué futbolistas! Me pregunto si Neymar conocerá aquel equipo. Ahora, si no ganas, no existes. Pero ese equipo de Brasil, como la Holanda de Johan Cruyff en el 74, perduran en la memoria del personal. No les hacía falta confetis.
El fútbol vive tiempos difíciles. Más allá del Madrid, el City, el PSG y la Premier como concepto, pagarle el salario a Neymar es pura fantasía, si el PSG no ayuda y colabora en abonar parte de su ficha. Europa, tras la pandemia, no está para fiestas. Y el fútbol, o disminuye las pretensiones de los futbolistas o pueden acabar con un negocio cuyos ingresos no son infinitos.
La percepción en la vida es importante. A menudo, incluso más que la realidad. Y la verdad es que a Neymar parece que hace tiempo no se emociona con el fútbol. Le faltan gestos de amor a la pelota. Estos días hemos visto a otro brasileño como Marcelo sacar agua de un campito de Miami para que su hijo pudiera jugar con el césped seco con el Real Madrid en LaLiga Promises. Una imagen con fuerza, de volver a ser juvenil, de disfrutar del juego y del entorno. Neymar necesita ese tipo de fotos.
No sabemos si a Neymar le sigue apasionando este oficio. El fútbol tiene algo bueno. Y es que te permite revancha continua. Tiene un Mundial a la vuelta de la esquina en Qatar. Hasta entonces debería ponerse en forma, intentar picarse y liderar una selección donde el niño bonito ahora es Vinicius. El fútbol no perdona. Va a velocidad de crucero. Y a Neymar se le agota el tiempo.
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