Marc André Ter Stegen se plantó en las oficinas del Barça con su agente, para clarificar su futuro. Existen informaciones contradictorias sobre si trasladó alguna oferta o no, pero lo que sí ha trascendido del encuentro es un mensaje inequívoco por parte del Barça, que le considera intransferible y, que no desea escuchar ofertas. Ter Stegen quiere jugar más – está en su derecho-, y el Barcelona no quiere venderle. Dos voluntades alineadas en una misma dirección. Una que si no choca, linda con la parcela de Luis Enrique que, hasta que se demuestre lo contrario, es el que decide quién juega de titular y quién es suplente. Y no parece probable que el alemán no se haya animado a buscar la complicidad del club si no sospechase que por la cabeza del entrenador pasa seguir alineando a Bravo. Parece de cajón. Veremos.
Hasta la fecha, el sistema de cohabitación entre Ter Stegen y Bravo había sido rentable. Luis Enrique potenció la competencia interna y con esa alternancia ganó un reguero de títulos en dos años. Eso es indiscutible. Como lo es que toda convivencia tiene fecha de caducidad. El alemán, para unos impaciente y para otros, ambicioso, se ha pasado dos años a la sombra del chileno, que ha jugado más de 70 partidos, por los menos de 50 del teutón. Ter Stegen entiende que ha completado su proceso de adaptación con éxito, busca el amparo del club y reclama la titularidad. Tiene potencial y juventud. Y no desea repetir un tercer año por detrás de Bravo. Su postura entronca con el interés de otros grandes clubes y con la sensación de que, si no le garantizan lo que demanda, podría irse. De propina, el City quiere reclutarle. E incluso que hay muchas voces en Can Barça que exigen su titularidad. Y Ter Stegen no quiere ser el portero del futuro, sino del presente.
Dicho todo eso, conviene reflexionar acerca del criterio de un señor, el entrenador, que se ha ganado el derecho a decidir. Ter Stegen, potencial y condiciones, es suplente en el Barça y también en Alemania. Claudio Bravo, experiencia y regularidad, es titular en el Barça y en Chile, donde además, es capitán y Campeón de la Copa América. Uno tiene la sensación de que Luis Enrique Martínez, sobado de independencia y carácter, lo tiene muy claro. Jugará el que él decida. Y el que no quiera estar, adiós.
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