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El cielo no esperó más
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Publicado 22/05/2007 a las 09:00 GMT+2
Eran las cuatro de la tarde de un calurosísimo sábado 19 de mayo. El sol apretaba con mucha fuerza a orillas del Mediterráneo. Más de 5.000 almerienses, ataviados con nuestra camiseta rojiblanca, nos congregamos para a las puertas del Gran Hotel Almería p
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Pues eso, que allí estábamo todos, dando ánimos a los jugadores dos horas y media ante de que se enfrentaran a la Ponferradina. Poco a poco, nuestros gladiadores salían de su cuartel general para enfilar el que debía ser el último partido de la presente temporada como equipo de la Segunda División.
Pero todos teníamos ese cosquilleo... la semana pasada estábamos en la misma circunstancia: enfrente teníamos a un equipo que estaba en puestos de descenso, Lorca se vistió de rojiblanca, una victoria nos daba el ascenso matemático y con el empate dependíamos de terceros equipos&hellip y los jugadores estaban más nerviosos que un flan. Al final se perdió 3-1 y la fiesta se aplazaba a la semana siguiente. Pero a los que allí estábamos no nos importó, queríamos celebrar el ascenso en Almería.
Cuando los jugadores enfilaron en el autocar los 2 km. que separan el Gran Hotel del campo de fútbol, comenzó nuestro turno. Teníamos que recorrer la misma distancia en lo que se conoce como &lsquoMarea Rojiblanca': las 5.000 enfervorizadas almas emprendimos el camino entre bufandas, banderas y cánticos: "Vamos mi Almería, vamos campeón"; "Olé, olá, Alme, ría", "Qué bote Almería, que bote Almería", "Es del Poli el que no bote", "Alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, alcohol, hemos venido a despedirnos de la Segunda División".
Pocas veces, por no decir nunca, había visto tantos almerienses juntos con su equipo. Un conjunto que nació hace seis años en Segunda &lsquoB' (fusión del C.F. y del Poli), había conseguido que su ciudad no fuese ni del Madrid ni del Barcelona, sino de la Unión Deportiva. Entonces me acordé de partidos históricos de mi equipo (del que soy socio desde que estaba en Regional Preferente, allá por 1989): primer partido de la UD en Liga ante el Cádiz, ascenso a Segunda &lsquoA' ante el Pontevedra en Pasarón, todos los derbis ante nuestro máximo rival (el Polideportivo Ejido, por supuesto), los dos descensos que yo he vivido ante el Orense y el Motril, los partidos que nos iban a dar el ascenso (ante el Poli Ejido 3-1 y ante el Valladolid 3-2)&hellip y muchos más, pero este artículo se haría interminable.
Conforme dejábamos atrás el centro de la ciudad y llegábamos a un estadio que iba a ser una olla a presión -se colgó el "No hay billetes"-, miraba a los balcones y veía banderas, gente que no había conseguido entradas y que vería el partido en una pantalla gigante&hellip Entonces se me vino a la mente el chaval del Valladolid que se quedó parapléjico en las celebraciones del ascenso pucelano.
He vivido todos los ascensos de mi Almería y sé que se destapan las pasiones de manera desorbitadas. Pero durante toda la semana se pidió desde el club que no se llegara a mayores y que la celebración fuera tranquila. Y no sólo fue así, sino que además empezamos a corear "Ponfe, Ponfe" y les regalamos bufandas a los 200 valientes seguidores bierzanos que se sumaron, con pena porque su posición es complicada, a nuestra fiesta. Valgan estas líneas para desearle suerte a esa Ponferradina que forma parte de nuestra historia.
Ya eran las 18'15, el campo estaba hasta la bandera y en un cuarto de hora queríamos sumarnos a ese grupo tan privilegiado que formaban Valladolid y Murcia. Un histórico como el Pucela y mis vecinos de La Condomina, también un conjunto con solera, por cierto, habían superado este trámite y eran conjuntos de la División de Honor. La verdad es que la temporada que hemos hecho los tres conjuntos ha sido excepcional, y a nosotros sólo nos faltaba ponerle la guinda final. Los vallisoletanos la pusieron en Tenerife, mientras que los pimentoneros lo lograron precisamente en el Toralín ante la Ponferradina. ¿Iban a vivir dos ascensos de sus rivales los jugadores de El Bierzo?.
Y dieron comienzo los 90 minutos más largos de toda mi vida. ¡Qué nervios teníamos los más de 15.000 espectadores que animábamos desde la grada!. El comienzo nos metió el mal fario en el cuerpo: el marcador no funcionaba en el día más importante. Y en éstas, un despiste defensivo provoca que la Ponferradina se ponga por delante con un cabezazo magistral de Rubén Vega (0-1). Nos frotábamos los ojos, agarramos nuestras bufandas (y el crucifijo que llevo colgado del cuello también), miramos a unos jugadores que estaban nerviosísimos y nos conjuramos para llevarlos en volandas con el grito de guerra deportivo: "A por ellos oé".
Entonces el equipo se concienció de que no podían fallarnos, ésta tenía que ser la buena. Primero apareció &lsquoel mago' José Ortiz para empatar (1-1, que nos daba ya el ascenso porque el Xerez perdía en el Rico Pérez) tras una dejada de Míchel; y después Uche remataba a placer un pase de la muerte del propio delantero madrileño, que había cambiado su faceta goleadora por la de las asistencias (2-1). Estallido de júbilo en las gradas que veía como un equipo representativo de Almería tenía los dos pies en Primera 28 años después.
Nervios, tensión y lágrimas
Pero la Ponferradina nos metió el miedo en el cuerpo con dos balones que se estrellaron en el palo. Los castellano-leoneses querían vender cara su derrota, pero los dioses del fútbol tenían claro que el Almería debía ser equipo de Primera. Y así fue: en el minuto 93, cuando sólo faltaba uno de descuento, Soriano mete un pase en profundidad para que un magnífico Corona pusiese la guinda final al ascenso con el 3-1 definitivo.
De ahí en adelante sólo me acuerdo de que salté, lloré, me quedé afónico y me abracé a mi padre, al que reenganché al fútbol tras perder la fe en el balompié al desaparecer la Agrupación Deportiva Almería. Los dos somos socios de Preferencia (puerta 32, fila 11, asiento 16-18) desde que tengo uso de razón. En ese momento me reconoció un secreto, entre sollozos: la temporada que la AD Almería ascendió, en el único ascenso que había vivido la ciudad a Primera (1978-79), él concluía sus estudios; ahora que conseguimos el segundo, soy yo el que termino mis estudios de Periodismo.
De la celebración, poco más puedo decirles. Saltos, brincos, invasión del terreno de juego, paseíllo, canciones, posterior baño en la fuente de la Plaza de Las Velas, los jugadores fueron aclamados como héroes en un autobús descapotable&hellip Más de 30.000 personas nos congregamos en la Rambla para celebrarlo. Lo único que me da pena es que de toda esta gente que ahora se ha subido al carro, sólo 500 éramos fieles en Tercera, 2.000 en Segunda &lsquoB' y 5.000 en Segunda &lsquoA' cuando coqueteábamos con el descenso. Pero en fin, no voy a ser yo quien baje a mi Almería de su nube.
Quizás nosotros no tengamos la historia de clubes decanos, ni una afición multitudinaria, ni el gracejo ese andaluz del que presumen muchas hinchadas (somos más levantinistas), pero sí les digo que sólo siendo almeriense comprendes lo grande que ha sido esta proeza. Para mí, haber nacido en esta tierra es un don.
Pero ya les advierto que el año que viene vamos a dar mucha guerra. Y eso que ni tenemos ni podemos fichar a Ronaldinhos, Casillas, Villas o Alveses. Pero lo que es cierto que la base del equipo es autóctona. Nuestro &lsquogaláctico'&hellip bueno, mejor dicho, nuestro Indalo es José Ortiz. Un futbolista desconocido por muchos, que ha entrado en la historia por ser el único, junto con su maestro Juan Rojas, que ha conseguido el ascenso con el equipo de su tierra desde Tercera a Primera, pasando por todas las categorías con la misma indumentaria. Rojas, también almeriense, ostenta este récord, pero con la diferencia de que comenzó en la A.D. Almería cuando militaba en Preferente y la ascendió hasta Primera.
Y aquí concluye el día más feliz de mi vida en el campo del deporte. Llámenme loco si quieren, pero les aseguro que ni una palabra es falsa. Sólo siento, lloro, me pongo nervioso, animo y sufro con mi Unión Deportiva Almería (y con España también, pero es otro &lsquochip'). El Madrid o el Barcelona, como dicen muchos entrenadores, "no son nuestra Liga". Hay un refrán en mi tierra que dice: "desde chiquitico se cría el arbolico". Entiéndanlo ustedes, nacido, criado, vivido y mamado en Almería, pues mis colores sólo pueden ser rojiblancos.
Pablo Laynez
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