Entre 2011 y 2014, Rory McIlroy subió cuatro veces al podio de los grandes torneos del golf. Empezó con el US Open y los ha ido recorriendo todos, algunos como el PGA Championship lo ha ganado en dos ocasiones.
Sin embargo, el norirlandés lleva clavada una espinita que, de momento, no ha encontrado la forma de sacarse. Y es que el Augusta National es mucho para él. Al menos durante las fechas en las que se juega el Masters. Ni cambiando de fecha ha podido el europeo hacerse con la chaqueta verde.
Desde luego no será por falta de empeño. Salvo aquella primera visita al campo de Bobby Jones en 2010 cuando fallaba el corte â ese año tampoco terminaría el US Open-, el resto de las oportunidades ha logrado completar la semana. Incluso en cinco ocasiones ha terminado entre los diez primeros, siendo cuarto en 2015 y quinto en 2018 y en la edición jugada el pasado noviembre.
Pero ni por esas logra acercarse al podio. De poner un pie en lo más alto del cajón, Rory cerraría el círculo. La victoria en el Masters le convertiría en uno de esos privilegiados que pueden presumir de tener el Grand Slam, de haber ganado The Open Championship, el Abierto de los Estados Unidos, el Campeonato de la PGA y, por supuesto, el Masters de Augusta.
De momento ese sigue siendo el objetivo de McIlroy un año más. Está vez no está entre los principales favoritos. Al menos no para los apostantes. Pero lo que está claro, es que con el apoyo de los que se juegan los euros o sin él, el británico sigue siendo uno de los jugadores que más expectación despiertan en cuanto pone un pie entre las azaleas.
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