Pocos son los valientes que se atreven con retos tan arriesgados como el que hace poco más de un año aceptó Miquel Umbert. Un gerundense afincado en África y dedicado por completo al hockey sobre patines, deporte en el que España es, sólo por detrás de Portugal, la gran potencia mundial con un total de 13 Copas del Mundo en su palmarés.
Umbert fue durante diez años seleccionador nacional español y por aquel entonces no imaginaba que su destino le colocaría al otro lado del Estrecho. De hecho, la oferta de trabajo llegó una vez había decidido terminar con su carrera como profesional del deporte "decido poner fin a mi etapa de alta competición y dedicarme simplemente a la enseñanza" afirma mientras recuerda como arrancó esta aventura: "Recibí una llamada del Presidente de la Federación Española, Carmelo Paniagua, para decirme que su homónimo en Angola, Carlos Alberto Pinto, estaba interesado en un entrenador de una cierta experiencia y que tenía que irme. En principio me negué, la situación era muy complicada, pero entonces insistieron, insistieron e insistieron. Les puse un gran número de condiciones que en treinta días ya habían solventado y no tuve más remedio que aceptar".
Una larga aventura africana
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Este entrenador gerundense ya había tenido un primer contacto con el continente africano. Mientras fue jugador en los 80' ya vivió una temporada en Mozambique, sabía lo que se podía encontrar. "Todo allí es complicado pero a la vez muy atractivo. Estoy bien, sobre todo cuando tengo luz y agua porque a veces llego de entrenar y no me puedo duchar. Suele haber cortes de agua y de luz, el país se está reconstruyendo, pero te acostumbras. Creo que en la vida hay unos precios y si hay que pagarlos para ayudar, yo estoy dispuesto a hacerlo," indica.
Y es que cuando hablamos de La República de Angola, lo hacemos de un país aún en vías de desarrollo, un país que arrastra las consecuencias de una guerra que se ha prolongado durante más de cuarenta años y un país caracterizado por haber sido una de las bases más importantes de la trata de esclavos, donde las guerrillas han sido una constante y donde la inseguridad es palpable a pie de calle. "Desde que llegué, tengo a una persona velando por mí con un coche para desplazarme, pero cada vez prescindo más de ella. Ya puedo caminar solo por la capital, hasta ahora no podía, tenía que estar acompañado porque es un lugar muy peligroso. Es un país donde han vivido 29 años de guerra civil, donde una pistola la puedes comprar fácilmente y donde pueden pegarte un tiro por el simple hecho de ser blanco. Es complicado", afirma Umbert.
Angola: Un país de contrastes
La gran paradoja de esta nación es la realidad de las posibilidades materiales de este territorio, rico en petróleo y en diamantes, y su renta per cápita, una de las más bajas de todo el mundo. "Lo tienen complicado, la vida en Angola no es fácil, en Luanda, la capital, todo el mundo sale adelante, pero en las provincias es mucho más complicado. Angola es un país rico, maravilloso y emergente. Eso sí, aún la media neta de un trabajador es de 300 ó 400 kwanzas, unos dos euros. Pero en diez años creo que puede estar a la cabeza de cualquier país europeo", señala.
A todo se acostumbra uno, incluso a estar lejos de la familia, una constante ligada a la competición. "Los que somos entrenadores y vivimos apasionadamente el deporte es un pago que hay que hacer el tener que dejar la familia aquí, a los hijos y tenerte que desplazar a distintos países. Pero ya estoy más que acostumbrado" apunta Miquel Umbert.
Y añade: "Si todavía sigo en el hockey sobre patines es por este proyecto en Angola".
Vocación y deporte
Un puesto como funcionario en el Ministerio de Sanidad, una dilatada carrera como profesional del hockey y una vocación llevada a la máxima potencia, la enseñanza: "Me encanta enseñar, es muy gratificante. Si todavía sigo en el hockey sobre patines es por este proyecto. Trabajar con gente profesional del más alto nivel es diferente, acarrea muchos problemas porque ya lo saben todo y sólo hay que corregir errores. Aquí siempre te están escuchando, quieren aprender. Prefiero estar enseñando aquí, mi etapa dura la dejo ya aparcada".
El proyecto que se le presentó, en principio fijado en cuatro años, se basaba en convertir a este país sudafricano en uno de los referentes del hockey sobre patines. Que duda cabe que los cimientos los tiene, y es que hasta hace apenas unos años hablábamos de una colonia portuguesa y es, precisamente, nuestro país vecino quien ocupa la primera posición en el ranking mundial de este deporte. "Debido a su tradición tienen un nivel aceptable, su genética no se puede negar, es muy buena. Pero les faltan conocimientos defensivos, estratégicos y de competitividad. Si estuviesen en España entrenando durante un año o año y medio serían tan buenos como cualquier jugador español o portugués".
Poca tradición
Es cierto que la tradición deportiva angoleña no pasa por el hockey, "el fútbol es el deporte rey aunque no sean una potencia mundial, luego está el baloncesto, el balonmano femenino donde sí destacan y el nuestro es el cuarto deporte en cuanto a repercusión", pero su nombre aparece inscrito entre los diez mejores de los últimos mundiales.
También existió el hockey femenino en Angola "pero se tuvo que abandonar por motivos económicos". Un problema con el que la categoría masculina no ha tenido que enfrentarse, ellos sí han tenido padrino. "Esto funciona por la gran fuerza que tiene el presidente actual, Carlos Alberto Pinto. Un hombre que va donde haga falta para ver un partido. Está apostando por este deporte, luchando para que Angola esté entre los mejores a nivel mundial y creo que en unos años se va a conseguir".
Un Presidente con el que Umbert puede contar para salvar el mayor obstáculo de este deporte en Angola, la falta de jugadores jóvenes. "La Federación ha comprado seiscientos patines de iniciación, sticks y pelotas para llevarlos a las escuelas. Esperamos tener dentro de diez años unas cinco mil o seis mil fichas. Así ya podremos ser un deporte más competitivo. Ahora el jugador joven empieza a patinar sobre los trece años y lo que intentamos es que empiecen a los cuatro, cinco o seis."
Si bien los recursos materiales mínimos los tienen, "las instalaciones son de los años '60. Como en la capital no hubo guerrilla por lo menos se han mantenido. Los que notan más problemas son los clubes que tienen las canchas más deterioradas y les prestamos las nuestras para que puedan trabajar”, los aspectos disciplinarios ha tenido que trabajarlos a conciencia. “Aquí se pasan tres meses sin entrenar. De 3 días de entrenamiento solo vienen dos, he tenido también que potenciar su ambición, hacerles entender que la vida deportiva es mucho más dura de lo que aparenta. Ellos compiten sólo por diversión y no por competir".
"Si tuviese que elegir, en estos momentos, me quedo con Angola".
Una vida a caballo entre Angola y España
Umbert vive a caballo entre Angola y España. Los seis meses que pasa en casa lo hace rodeado de sus pupilos angoleños. Llegan con él a Reus donde se les proporciona alojamiento y un hueco en la competición española con la intención de que "cojan ese nivel que queremos. Volver a Angola y que compitan con los compañeros enseñándoles el trabajo que realizamos aquí".
Una iniciativa enfocada al deporte, pero con el beneficio colateral de suplir hasta donde se puede las necesidades que muchos de ellos atraviesan en su hogar. "Habitualmente no todos los jugadores comen tres veces al día, cada jugador come más o come menos según el nivel social que tiene. Cuando vienen aquí engordan 3 ó 4 kilos cada uno, comen tanto como pueden, aquí es otra historia. Para ellos las condiciones son distintas, cada día aquí es casi como una fiesta."
En Angola también se cuida mucho el aspecto personal de cada uno de ellos. Se les exige, pero también se les recompensa "ellos tienen un sueldo que es igual que el mío, diez dólares diarios, una forma de ayudar a que ellos tengan un sueldo y puedan sobrevivir. Además después de entrenar les damos el almuerzo, el desayuno, lo que haga falta. Cuando están con la selección ellos comen tres veces al día, para que el desgaste físico no les perjudique."
Ahora bien, se buscan resultados y la primera prueba de fuego para este hombre será en casa, en España. Vigo ha sido la ciudad escogida para albergar el próximo mes de julio una nueva edición de la Copa del Mundo y Umbert apunta alto, "mi objetivo personal para el Mundial, con un poco de suerte, es llegar a ser sextos, subir el listón de esta selección dos plazas. Este es mi objetivo personal porque soy muy ambicioso, pero siendo realistas sería un éxito mantener la octava o novena plaza. Un año y medio no es tiempo suficiente."
No sólo jugará en terreno aliado, sino que al frente del banquillo en un hipotético cruce el corazón lo tendrá dividido. Sin embargo, lo tiene claro, manda el presente, "contra España sería un partido especial. Imagínate, después de estar diez años en la selección Española competir contra mí país… Para ellos sería una perita en dulce. Sería increíble poder ganar". Un presente que no se imaginó, pero que a sus 52 años aún no quiere abandonar, "yo ya he vivido el tema de la competición en mi país y ahora estoy ilusionadísimo en esta competición. Si tuviese que elegir, en estos momentos, me quedo con Angola."
La experiencia de Miquel Umbert demuestra, una vez más, que cuando uno cree que ya lo ha vivido todo dentro de su profesión se da cuenta de que siempre queda algo por hacer "me faltaba implantar el hockey sobre patines al máximo nivel en un país que estuviera por desarrollar y este es ahora mismo mi objetivo".
*Y la próxima semana te traemos la vida de Juanfran, un futbolista que vive en Grecia, donde juega en la liga helena. Descubre la vida de Juanfran el 24 de abril.
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