Las siglas FR son una marca de guerra en Seat. Su implantación en la gama Ibiza, León y Altea son un soplo de aire fresco en el panorama automovilístico nacional. Lo cortés no quita lo valiente, de igual manera que este Altea, por el hecho de ser un monovolumen, no tiene por qué renunciar al aire deportivo.
En versiones diesel de 170 caballos y gasolina de 200, los FR han llegado para dejar huella y no pasar desapercibidos. Seat, inmerso en el Mundial de Turismos con el León, pugnando con BMW por los títulos de pilotos y marcas, aplica a la calle los conceptos racing derivados de su experiencia en este campeonato, y el resultado no puede ser mejor.
Pruebas
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17/08/2006 A LAS 18:35
Centrándonos en el caso concreto del Altea, unidad de la que hemos disfrutado, el compromiso entre practicidad y deportividad es más que evidente. Sin esperar más, y hablando ya del plano mecánico, los 170 caballos de este propulsor de gasóleo son una delicia en su funcionamiento, y se puede sacar todo el rendimiento gracias a sus seis marchas, aunque quizá la primera y la segunda son demasiado cortas, sobre todo cuando el coche va vacío y con un solo ocupante. Está claro que en Seat han escalonado así las relaciones pensando en una familia completa y con todos los bártulos en el maletero, pero cuando no es así enseguida se llega a la zona roja y al corte de encendido.
Es un motor lleno, pleno, sin fisuras, con una entrega de potencia lineal, aunque es a partir de las 2.500 cuando te enteras de verdad de lo que empujan 170 caballos. Y es que no es difícil sentirte piloto de carreras por un momento, ya que en Seat se lo han currado, y la decoración FR es bastante definidora del carácter de este coche, a pesar, insisto de ser un monovolumen para los fines de semana o para el día a día. El ambiente racing se respira tanto por dentro como por fuera. En los asientos, en el pomo de la palanca de cambios, en el volante, o en la instrumentación -con parte del fondo blanco, mientras que en el exterior los retrovisores cromados, los parachoques sobredimensionados y la parrilla de panal de abeja no dejan lugar a la duda, amen de unos neumáticos embutidos en unas llantas de cinco radios de 17 pulgadas, más que atractivas.
Por dentro el Altea es el de siempre, con mil y un huecos para no dejar nada fuera de orden, cada objeto tiene su lugar. La altura del techo te produce una sensación de desahogo digna de mención y, por supuesto, con el habitual carácter modulable hasta límites infinitos. Tan solo los 409 litros de maletero se antojan escasos para un monovolumen con vocación de coche para todo. La sensación de calidad te envuelve tanto o más que los asientos demuestran su sujección en carreteras con curvas. Algún balanceo se antoja inevitable, aunque el bastidor, el chasis y las suspensiones están a un nivel más que elevado.
Detalles que a muchos les puede parecer criticable, a mi me parecen loables, como el hecho de que no lleve cenicero. Sin embargo, la ausencia de aireación en la parte de atrás me parece un punto a mejorar. Esclavo del diseño, a la hora de aparcar, el no poder ver el morro desde el puesto de conducción no te da mucha confianza en las maniobras, pero pronto te acostumbras a sus dimensiones "ocultas".
El aplomo en carretera es increíble, lo que unido a su contención en los consumos hacen de él un viajero infatigable. En casi 1.500 kilómetros, la mayoría por autovía, pero también en ciudad, no ha pasado nunca de siete litros, y éso para un coche con 170 caballos es un dato fundamental y una razón de compra más que poderosa. Sin embargo, algún pequeño ruido aerodinámico a velocidad de crucero, casi imperceptible al principio pero persistente al fin y a la cabo en la ventanilla del conductor, hacen que el sobresaliente no sea tan alto como debiera.
En cuanto a precios, el Altea FR está disponible desde 25.835 euros, aunque la versión que hemos disfrutado rozaba ligeramente los 30.000, debido a extras como el navegador (2.527 euros), el cargador de 6 CD's (354), faros bixenon automáticos (695) y pequeños añadidos como cristales tintados, pintura roja emoción y diversos sensores.
CON LA MANO EN EL CORAZÓN
Absolutamente recomendable la compra de este coche. Desde el minuto 1 de partido se ha comportado como un campeón, con una delicia de motor, suave cuando quieres pocas alegrías y agresivo cuando quieres notar la fuerza de toda la cuadra. Práctico, atractivo, funcional, divertido y bonito, son adjetivos que no se discuten a un coche y a una mecánica, que puede ser excesiva a la vista de lo bien que funciona el TDI 140, pero que es un plus de diversión.
UN COCHE PARA...
Todos. Está claro que Seat ha pensado en un matrimonio joven con hijos que no se le cae el techo encima los fines de semana. Y digo joven, porque en teoría son estos los que se pueden sentir más atraídos por este pura sangre. Los 1.446 kilos se mueven con una agilidad increíble, y seguro que los "no tan jóvenes" también pueden disfrutar, o "rejuvenecer", con esta máquina de emociones.
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