Y lo mejor de todo, vaya por delante, es que una moto así está en el mercado por 6.599 euros, un precio que a todas luces parece asequible con respecto al resto de la competencia, directa o indirecta. Es una moto equilibrada y que no está a la última en tecnología, pero cumple con nota alta su función.
Y es que esta Bandit tetracilíndrica, nacida a principios de los 90 con un concepto algo más distante que el actual -en su origen era una 400 algo radical, que pasó a 600, tuvo hermanas mayores, y luego se recicló en polivalente para todo uso-, se ha convertido en una moto con un tacto agradable y suave, una respuesta inmediata y progresiva, y unas prestaciones más que aceptables.
Pruebas
Derbi Mulhacén: palabras mayores
30/07/2006 A LAS 14:57
La Bandit, en esta ocasión probamos la semicarenada, con una cúpula que protege a la perfección del viento y hace más fácil y llevaderas las kilometradas, es una veterana en toda regla pero que en cada restyling ha sabido mejorar sus puntos débiles sin perder un ápice de su manejabilidad y sin comprometer el compromiso final.
Es una delicia ver como todo encaja a la perfección, no hay ruidos ni vibraciones extrañas o molestas, los espejos cumplen su función, y los errores de juventud hace mucho tiempo que pasaron a la historia. Extraña también que, a pesar de sus 204 kilos en vacío, algo pesada viendo la competencia, su radio de giro y su manejabilidad facilitan cualquier maniobra, especialmente si te mueves en la ciudad por entre los coches. En parado es algo costosa de empezar a mover, pero una vez en movimiento la pesadez se transforma en una agilidad increíble.
Apostando por el carburador en vez de por la moderna inyección, la Bandit logra una suavidad de marcha asombrosa. Desde las 1.500 vueltas la fuerza del propulsor está disponible y hasta la zona roja, en las 12.000, la curva de potencia es aprovechable y progresiva a más no poder. Con 78 caballos no esperes maravillas, pero notas algo de rabia cuando abres el grifo y empiezas a retorcer la oreja. A progresividad, desde luego, no la va a ganar nadie.
El motor ya está dicho que es fino, y a los mandos vemos que la última remodelación le sentó de maravilla. El cuentarrevoluciones analógico a la izquierda está acompañado de una pantalla digital que combina todo lo necesario. Quiza un termómetro de temperatura sería deseable, pero en general la presentación es más que correcta.
Hay una versión con ABS por 600 euros más. La verdad es que en el apartado de frenos no destaca ni por lo bueno ni por lo malo, pero la seguridad que da llevar un elemento como éste a un precio tan competitivo no es algo a desdeñar. Además de los accesorios originales de la marca, la Bandit S lleva, "de serie", la posibilidad de regular el manillar, que es ajustable diez milímetros, y el asiento, que lo puedes subir 20 milímetros. Por cierto que de todas las probadas hasta ahora es la mejor para el pasajero, quizá un pelín por detrás, aunque parezca mentira, de su hermana la GSR.
En el momento de publicarse esta prueba, Suzuki oferta un año de garantía gratis, más una bolsa sobredepósito o la limitación a 34 CV gratuita. Dos argumentos más para darse cuenta de que esta Bandit es una compra más que acertada.
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