Era una final de Grand Slam y, aunque solo fuera por eso, la gente esperaba más. En pista estaban –o eso parecía– los dos mejores jugadores del momento, los dos hombres que mejor habían competido durante las dos semanas de Open de Australia, los dos tenistas mejor preparados para levantar el título. Novak Djokovic y Daniil Medvedev, un duelo generacional entre alguien que lo ha ganado todo y alguien que todavía está empezando. El serbio, con más problemas que nunca, avanzaba a su novena final en Melbourne dejándose cinco sets por el camino, aunque mostrando cada vez una versión más sólida. El ruso, invicto en sus últimos 20 partidos, parecía volar sobre el cemento australiano, disparado hacia su segunda final de Grand Slam en pista rápida. Por si faltaba algo, Medvedev había ganado tres de los últimos cuatro enfrentamientos ante el serbio, posiblemente el dato que terminó por sacudir a más de uno, hasta el punto de llegar a confundirlo. Faltaban solo unas horas para el partido y la mayoría de los titulares y expertos coincidían: Novak estaba en peligro.

El camino de Djokovic a su 18º Grand Slam: superando la adversidad

¿Peligro? ¿Peligro de qué? ¿De quién? Después de darle muchas vueltas, de hacer realmente un ejercicio por ver todas las virtudes del ruso, esas fueras las preguntas que asaltaron mi cabeza. Entiendo la intención de algunos por apretar la final, por presentar un choque atractivo, un duelo emocionante sin un claro vencedor, pero por mucho que lo intenté no fui capaz de unirme al club. ¿Pero cómo iba a ser Medvedev el favorito? En una final de Grand Slam, en Melbourne, el santuario de Novak Djokovic, donde jamás ha perdido un encuentro más allá de los cuartos de final, lo normal es que no se permitiera ni un reparto del 50-50. ‘¿Acaso no deberían partir todas las finales con dos candidaturas del mismo grosor?’, preguntaron en la sala. Lo siento, pero hay veces que no. Si la final hubiera sido Them-Medvedev, te lo compro y me uno al debate. Pero estando el Nº1 del mundo en pista, uno de los tres mejores jugadores de toda la historia, posiblemente el tenista más determinante sobre cemento en la última década, lo más inteligente era poner todas las fichas en su casilla. Sabíamos que los aficionados más cercanos a Nadal no tardarían en subirse al carro del ruso, o los fanáticos de la NextGen, ávidos por ver caer pronto el imperio del Big3. Esto se veía venir, no sorprende a nadie. Lo que no comprendía era que algunos expertos, incluso las casas de apuestas, se olvidaran de la noche a la mañana quién era Novak Djokovic.
ATP Monte Carlo
Djokovic-Sinner: El Número 1 asusta en el debut
HACE 10 HORAS

El top-5 del campeón, Novak Djokovic

Pero pasó, la gente pasó por alto la identidad del serbio. Olvidaron incluso cómo se ganan las finales de Grand Slam, donde no todo es tenis. Estos partidos se ganan con la mente, luego viene lo demás. ¿Y quién es el jugador con mayor fortaleza mental del circuito? Un par de puntos de inflexión tuvo el partido, el primero nada más comenzar. Djokovic coloca un 3-0 de salida y muchos pensaron: la final se ha terminado. Pero el moscovita sobrevivió a la primera embestida y se repuso a tiempo, 3-3. El golpe definitivo llegaría con 5-5, donde el más veterano aprovechó para probar de qué estaba hecho su rival. Para ganar el primer parcial hacían falta dos juegos más y ahí todos supimos en qué cesta caerían. Como si fuera fácil –aunque lo lleva haciendo toda una vida– Novak tiró de su experiencia para atar la primera manga y con ella, el partido. Los plomos de Daniil quedaron fundidos al darse cuenta de quién tenía enfrente. Porque hasta el ruso pensó que ese domingo sería su día, y así debe ser, malo será de aquel jugador que entre a una final de Grand Slam con la derrota en mente. Lo que nadie esperaba era lo que sucedería luego, el momento donde el ruso faltó a su palabra.

La anécdota con la que Medvedev hizo sonreír a Djokovic

"Él ha jugado 8 finales aquí y las ha ganado todas, así que la presión es para él. Novak tiene mucho más que perder que yo”. Estas fueron las palabras de Daniil Medvedev minutos después de vencer a Stefanos Tsitsipas y sacar su billete a la final del Open de Australia. Como si de una batalla psicológica se tratara, el ruso lanzaba el primer dardo, lavándose las mano y smashando la pelota al campo contrario. En cierto modo tenía sentido, ¿qué tenía que perder ante un desafío de tal envergadura? Claro, que la teoría no siempre se cumple. Cuando llegó el momento de la verdad y ambos se pusieron a prueba, el que cometía el error siempre era el mismo. ¿Duelo de reveses? Daniil era quien terminaba tirándola al pasillo. ¿Un punto importante? El ruso optaba por una dejada precipitada que no salía. ¿Un juego clave para definir el set? Aquí no hace ni comentar. La cuestión es que un solo parcial bastó para refrescar la memoria de todos aquellos que subestimaron a Novak Djokovic, el mejor tenista de la década. “Ya, pero es que Medvedev venía jugando muy bien”. Eso es verdad, puede que incluso mejor que el serbio, pero piénsenlo desde la táctica. Siendo el estilo de juego tan similar, Nole es un poquito mejor que Daniil en cada golpe. Un poco mejor de revés, de derecha, de movilidad, con el resto, etc. Solamente el servicio podía marcar la diferencia… y vaya si la marcó. Djokovic hizo todo un poquito mejor, lo cual sumado a una mente indestructible, dio como desenlace una paliza no tan inesperada.

El agradecido discurso de Djokovic y su guiño a Medvedev

Vieno cómo saltó el serbio a la Rod Laver Arena, leyendo su mirada, estoy seguro que estuvo al tanto de cada comentario previo al partido. El jugador más fiable del circuito tuvo que escuchar cómo la gente se negaba a darle como favorito. Mientras tanto, él se reía por dentro, trazando un plan de venganza para el domingo que no superase las dos horas de función. Es la tecla que solo las leyendas saben pulsar: si dicen que hoy no les gana nadie, no les gana nadie. En cuanto al espectador, periodista, experto y demás personas relacionadas con el mundo del tenis, un último consejo. A todos nos gusta ponernos el sombrero de mago y vestirnos de adivinos, pronosticar el futuro, vaticinar al próximo campeón. ¿A quién no le gusta ponerse un pin? A todos, pero no caigamos ni en la euforia, ni en la prisa. Parece mentira que todavía tengamos que aprender a respetar a las leyendas, como si no nos hubieran cerrado la boca en cientos de ocasiones. Evitemos sacar la bola de cristal y ciñámonos a la lógica, aunque muchas veces el deporte no la tenga. Cuando Federer, Nadal o Djokovic lleguen a la final de un nuevo Grand Slam, no hagan números: ellos son los favoritos. Luego que cada uno ponga sus porcentajes, pero no volvamos otra vez al mismo error. “¡Pero algún día perderán una final!” Por supuesto, pero mejor pecar de conservadores que no de listillos. Antes que buscar la sorpresa, mejor que sean ellos quienes nos sorprendan.

Djokovic-Medvedev: ‘Nole’ IX de Australia

ATP Monte Carlo
Djokovic-Sinner: El Número 1 asusta en el debut
AYER A LAS 17:45
ATP Monte Carlo
😷👍 ACTUALIZACIÓN: Nadal puede jugar pese a entrenar con Medvedev el mismo día que dio positivo
AYER A LAS 10:59