Porque todos los tenistas pasan por baches a lo largo de su carrera y es evidente que Muguruza está metida de lleno en uno de ellos. Su manera de afrontar los partidos, sus gestos dentro de la pista, la debilidad mental que le lleva a perder duelos que parecía tener controlados, y el hecho de que desde Roland Garros no haya conseguido encadenar dos victorias consecutivas dentro del circuito. Fue en el Grand Slam parisino donde la española dejó de mostrar la mejor de sus caras.
Desde entonces acumula una serie de duras derrotas que han ido minando la moral de la ganadora de dos Grand Slams, empezando en la temporada de hierba con Birmingham, donde cedió ante Strycova con claridad (6-2 y 6-4) y sobre todo la defensa del título en Wimbledon que acabó con derrota en segunda ronda ante la belga Alison Van Uytvanck, que tras ceder la primera manga se aprovechó de los problemas de Garbiñe para eliminarla sin reparos (5-7, 6-2 y 6-1).
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Muguruza necesitaba pasar página, olvidarse del fiasco en Londres y volver al juego que le llevó hace un año al número uno mundial. Sin embargo, muy fácil es decirlo y extremadamente difícil ponerlo en práctica. En Cincinnati, donde también defendía título, dejó escapar otro partido que parecía controlado en el primer set ante Lesia Tsurenko en su debut en el torneo, al igual que le pasaría en el US Open, donde la número 202 del mundo, Karolina Muchova, le remontaba a pesar de las sensaciones inmejorables que mostraba la española en la primera manga (3-6, 6-4 y 6-4).
Desde luego que derrotas como la sufrida ante Alison Riske (6-1 y 6-2) no ayudan y hacen que poco a poco Garbiñe pierda posiciones en el ránking WTA, teniendo pocas opciones de clasificarse para las finales que se disputarán en Singapur. Pero lejos de que esto sea el mayor perjuicio para Muguruza, el problema radica en su falta de confianza, una situación nada desconocida para el público español, que en 2015 vivía con intensidad el bloqueo mental que tuvo que superar Rafa Nadal para volver a dominar el circuito.
Para Muguruza, es con diferencia el peor de los últimos cuatro años, y es que desde 2014 no vivía una temporada sin saborear una presencia en la final de un Grand Slam. Parece que el título en Monterrey no supone un excesivo premio para una tenista que sabe lo que es ser una de las grandes dominadoras del tenis femenino en el pasado más reciente. Posiblemente esté viviendo uno de sus momentos más difíciles, junto a la lesión de tobillo que en 2013 le mantuvo durante seis meses fuera de las pistas.
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Nadal vivió una situación parecida en 2015

No es habitual que Rafa Nadal no consiga vencer en un Masters 1.000 o Grand Slam en un año. Es más, desde 2004, esta situación solamente se ha dado en una temporada a lo largo de su carrera, en 2015. Para el manacorí, un bloqueo mental en su juego, fue una de las situaciones más adversas que ha tenido que afrontar en su vida deportiva, pero como en otras tantas ocasiones en forma de lesiones físicas, el actual número uno del mundo acabó salvando el bache con nota.
La temporada de tierra batida de 2015 fue el principal detonante, viéndose por debajo de Djokovic o Murray, que dominaban el circuito, cayendo en torneos favorables como Montecarlo, Barcelona, Roma, Madrid y sobre todo Roland Garros, sin opciones de poder levantar unos títulos habituales en el palmarés de Nadal. Poteriormente sufrió duras derrotas en segunda ronda de Wimbledon, ante el alemán Dustin Brown, y posteriormente una remontada de Fabio Fognini en el US Open, que salvó una desventaja de dos sets en contra frente al balear para eliminarle en tercera ronda.

Rafael Nadal cae en segunda ronda de Wimbledon 2015 ante el alemán Dustin Brown (número 103 del mundo)

Fuente de la imagen: Imago

Le costó, pero poco a poco fue encontrando sensaciones mejores y al final de la temporada, que por lo general nunca se le ha terminado de dar bien al español, fue remontando un vuelo que le llevaría nuevamente a su mejor nivel. El resto es historia, con un Nadal conquistando un oro olímpico en dobles en 2016, y volviendo a la senda de triunfos en Grand Slam en 2017 una vez superados los problemas en la muñeca. Actualmente es el número uno del mundo con total merecimiento.

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Por ello tiene que ser el modelo a seguir por Garbiñe Muguruza. Lejos de opinar sobre aspectos que rodean a la tenista española, el cambio tiene que venir de ella misma. Nadal no recurrió a nadie externo para superar el bache, siguió trabajando para echar abajo el muro de la desconfianza en su juego hasta que quedó totalmente desterrada de su cabeza la posibilidad de que pudiera volver el bloqueo. Si está bien físicamente, el estilo de Rafa está fuera de toda duda.
Algunos aspectos de ese 2015 se reflejan en el 2018 en una Muguruza, que muestra su mal momento en la fragilidad mental que este año está lastrando un buen número de partidos de la española. A veces desconecta desde un primer momento al no verse ganadora, como por ejemplo ante Riske en Tokio, pero otras termina por ceder un partido completamente dominado, como Muchova en el US Open, Tsureko en Cincinnati o Van Uytvanck en Wimbledon. Sin prisa pero sin pausa, Garbiñe buscará remontar el vuelo y a buen seguro volverá a mostrar las cualidades que la llevaron al número uno del mundo en 2017, solamente es cuestión de tiempo.
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