Poco a poco los tenistas profesionales van llegando a Nueva York, ingresando en la burbuja que la USTA ha preparado para la ocasión. Tanto el torneo de Cincinnati como el US Open compartirán escenario esta temporada, Flushing Meadows, un club que quiere servir de ejemplo al mundo del deporte a través de sus medidas y protocolos de prevención frente al COVID-19. Para conocer mejor la situación, Eurosport se pone en contacto con Xavier Budó, entrenador de la cuarta mejor española del ranking, Paula Badosa. ¿Cuán estricta es la normativa impuesta por la organización? Lean atentamente.
“Para empezar, todo el mundo está en el mismo hotel, que se encuentra a una hora de Manhattan y a unos 40 minutos del club, Flushing Meadows”, comienza explicando el técnico. “En este hotel está todo el mundo, tanto los jugadores/as como la organización. Si el hotel se llena, cosa que ya ha pasado, hay un segundo hotel. Puede que haya gente que esté en una casa privada, aunque esto no lo sé seguro. Nosotros estamos en el hotel y te puedo decir que las medidas son muy estrictas, está todo organizado al detalle, se nota que llevan mucho tiempo trabajando duro en este protocolo”, subraya.
Budó, al frente de la carrera de Badosa desde hace dos temporadas, analiza cada paso avanzado desde que aterrizaron en la burbuja. “Cuando llegas al hotel, lo primero a lo que estás obligado es a realizar el test de COVID-19. Luego tienes que estar 24 horas encerrado en la habitación hasta que te den los resultados y la prueba salga negativa. En esas 24 horas no puedes ni moverte por el hotel, te ponen una pulsera y tienes que pedir el desayuno y la comida a la habitación. En el momento que te dan el resultado negativo ya permiten acreditarse al jugador o al entrenador para que al día siguiente puedan ir al club. Antes no te dejan”, confiesa Xavi.
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“Otra cosa que te obligan es a llevar la mascarilla siempre, estés donde estés, menos en tu propia habitación. En el resto de lugares no puedes estar ni un segundo sin mascarilla, ya que compartes los espacios con otros jugadores y la organización. El tema lo tienen muy trabajado, desprenden mucha seriedad y profesionalismo”, insiste el gerundense. “Otras cosa: cada vez que coges el transporte desde el hotel para ir a Flushing Meadows te miden la temperatura. No hay vehículos privados, solamente autobuses que salen cada quince minutos para el club y ahí vamos jugadores y entrenadores. Esto es un acierto, funciona bastante bien”, afirma el técnico de 50 años.
Respecto a los test, el seguimiento es intensivo. “El test te lo hacen cada 48 horas. Nosotros, por ejemplo, lo hicimos el sábado al llegar y el siguiente lo hicimos el lunes, aunque a partir del segundo test ya te dejan seguir haciendo vida normal, pudiendo entrenar y sin estar confinado en la habitación. El torneo nos está comunicando continuamente cada acción, cada paso que dan nos llega vía correo electrónico o a través de alertas de mensajes. Hace un momento, por ejemplo, nos llegó el mensaje de: ‘Recuerda que mañana miércoles tienen el tercer test de COVID-19”.
Y en el torneo, donde más horas van a pasar, las medidas se mantienen igual de estrictas. “Todas las reservas para el tema de las pistas de entrenamientos se hacen a través del teléfono, así evitan que exista cualquier contacto con otras personas, se busca que todo funcione vía electrónica o telefónica para que no haya ninguna gestión en persona. En este aspecto, los protocolos son impecables. En cuanto al Player’s Lounge o el restaurante es lo mismo de cada US Open, con la diferencia de que este año han colocado la distancia de seguridad entre sofá y sofá, entre mesa y mesa, siempre hay dos metros de distancia. Se pierde mucho espacio, pero lo más importante para ellos es la prevención de salud”, aplaude Budó.
Apenas unos días han servido para aprobar las intenciones de la USTA, para convencernos de que sí era posible llevar a cabo torneos de la máxima categoría sin dejar a un lado la máxima seguridad. Y si para ello hay que cortar la libertad de los participantes, se corta sin dudar. “No podemos hacer nada, hasta que no acabe el US Open no podemos movernos. Tenemos que estar mínimo 2/3 semanas sin movernos del hotel, no podemos ni salir a un Starbucks a 200 metros”, asegura el coach. “Quieren asegurarse que el hotel es una burbuja y evitar cualquier tipo de contacto con la gente. Hay una organización, una rigurosidad y una seriedad impecables en todos los protocolos, se nota que lo han trabajado muchísimo”.
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