El infortunio se cebó con Antoine Griezmann el día que volvía a ganarse los corazones rojiblancos. Levantó la pierna para controlar un balón y, sin mirar a Firmino, le clavó los tacos en la cara. La roja directa cambió el rumbo de un partido que pintaba memorable. El Liverpool metió miedo en el Wanda con dos goles en quince minutos, tras un jugadón de Salah y una gran volea de Keita. La puesta en escena del líder inglés resultó espectacular. Mirando el banquillo, viendo a Llorente sentado junto a Luis Suárez, resultaba tentador pensar que Simeone había leído mal el encuentro. Nada más lejos de la realidad. La reacción rojiblanca tuvo un mérito extraordinario.

Antoine Griezmann (Atlético)

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Obligado a soltarse le empezaron a lucir los jugones. Lemar, Joao Felix, Koke y Griezmann, lanzados por un De Paul omnipresente, frotaron la lámpara y mostraron que el Atlético desencadenado puede ser un equipo muy bonito de ver, sin perder la competitividad, cuando se junta tantísima calidad sobre el terreno de juego.
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El equipo del Cholo regaló media hora de quilates y tuvo ocasiones para adelantarse, con once e incluso con diez, pero sobre todo no perdió nunca la vocación de irse para adelante.
En partidos tan grandes, los errores groseros cantan mucho y Mario Hermoso cometió uno impropio. Un penalti innecesario y poco inteligente en un balón llovido en el área que permitió a Salah desnivelar la balanza y firmar la revancha del Liverpool. Hermoso tiene virtudes propias de un gran central como la salida de balón, pero también lagunas cada partido que se pagan carísimas y que marcan diferencias a este nivel. El VAR corrigió un penalti pitado a Giménez, que enfadó a la parroquia atlética. Al haber contacto se debió pitar por no ser jugada de VAR, más allá de la rigurosidad de la pena máxima.

Mohamed Salah

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Por actitud, por fútbol y por empuje, el Atleti mereció mejor suerte ante un equipazo, pero si hay que caer, mejor que sea de esta manera.
Mientras tanto en Kiev, el Madrid se dio un festín tras el patinazo europeo ante el Sheriff. Ancelotti, ya convencido de las bondades de su 4-3-3, volvió a entregar la sala de máquinas a sus clásicos. Tras quince minutos de dudas, Casemiro, Kroos y Modric, descansados, dieron un muy buen nivel y controlaron el partido. Por delante, Benzema, iluminado, y Vinicius, que volvió a destapar lo mejor de su repertorio con un golazo memorable. Se marcó un slalom de videojuego y demostró que es capaz de regalar momentos maravillosos a la parroquia blanca que, cada vez, son más frecuentes. Los blancos sellaron una manita que devuelve el liderato del grupo por diferencia de goles. La mejor receta para afrontar El Clásico con optimismo.
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