España debe ganar en Kosovo y esperar a que Suecia no supere a Grecia en Atenas. De este modo, se recortaría la potencial ventaja sueca. Ahora la Roja vive como líder del grupo B con 10 puntos frente a los 9 que suman los escandinavos, si bien éstos disfrutarán de dos partidos pendientes. La realidad es que la Selección española depende de errores ajenos para ser campeona y eludir la peligrosa repesca que aguarda al segundo del grupo. Todo esto se ha provocado por caer en Solna, tras una noche aciaga que arrancó óptima y que se fue nublando según avanzaban las manecillas del reloj. Las críticas a la derrota y el desplante del seleccionador a los zafíos insultos recibidos por un seguidor al acabar el partido crisparon al entrenador asturiano, quien volvió a parapetarse en su ironía y en su vanidad a la hora de encontrarse con los periodistas.

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La relación entre los medios de comunicación y el actual seleccionador es forzada. Es una evidencia general que Luis Enrique no cae bien porque no ha cumplido con los esfuerzos necesarios que obligan a acercarse al dichoso poder mediático. Instalado en el púlpito de su verdad es capaz de reprochar al Periodismo la falta de comunicación biunívoca que no existe entre los dos conjuntos: el suyo -unitario- y el globalizado de los informadores. Pero no todo se reduce a la ausencia de empatía que provoca la negación de entrevistas profesionales. El contacto no es fluido porque una parte no lo busca -Luis Enrique- y la otra -los medios- observa con recelo el tratamiento distante y limitado a lo que marca la normativa. Fuera de lo obligatorio, ni una concesión.
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El señalado es claramente el seleccionador. Pero él no es culpable de esta situación. Ni siquiera responsable. Los dardos deben ir a la diana de Rubiales, que es quien lo puso en el cargo y quien, como máxima autoridad del ente federativo, permite que uno de sus empleados emponzoñe las normas de convivencia laboral. Luis Enrique siempre se ha comportado igual. A nadie engaña desde que se mostró en los tiempos de la vieja Ciudad Deportiva del Real Madrid. Tampoco cambió cuando firmó por el Barça, ni más recientemente en su etapa de entrenador profesional. Siendo seleccionador no ha movido una pieza del tablero de manera diferente a como lo habría realizado en ulteriores situaciones del pasado. Por eso, la rajada de vestidura mediática por el comentario del teléfono resulta algo grotesca.
La burla mezclada de ironía destapó la indignación de algunos de los presentes y de muchos ausentes. Luis Enrique reprochó que ningún periodista marcara su número telefónico -el mismo que mantiene desde su etapa como jugador- , presumiendo para fortalecer una arrogante postura vanidosa y engreída. Y de distancia. Y de importarle un bledo lo que piensen o sientan aquellos que se ubican en frente. Él demuestra fastidio por tener que situarse ante el pelotón de preguntas del que se libera con respuestas pueriles y de manual. Porque cuando se salta el guión ya se sabe que sube aún más la luz. Pero esta vez volvió a patinar. No por expresar públicamente que no tiene (ni quiere) llamadas periodísticas. No se sorprendan. Para gran parte de los profesionales del Fútbol (cuando se retiran ya es otra cosa… y hasta algunos cuentan con nómina mediática), atender al Periodismo es un engorro y los profesionales se observan como un mal necesario del negocio. Eso sí, a muchos ‘plumillas’ les provoca satisfacción cuando una mera sonrisa se cruza en el camino de la relación.
A todo esto, el espíritu de las dos Españas vuelve a renacer. Después del pasado sábado, retornan aquellos oportunistas que defienden sin freno al seleccionador y se mantienen los que siguen atizando a quien se encuentra un poco más lejos del objetivo inicial. La montaña rusa en que la que nos ha instalado Luis Enrique nos dice que seguimos en un vaivén de jugadores, con baratas oportunidades para algunos futbolistas, con un patrón de juego difícil de digerir y con un soporte de resultados que tampoco acompaña. Algunos presumirán de la pasada Eurocopa donde empezamos empatando los dos primeros partidos, avanzamos con prórroga y penaltis y nos volvimos a casa cuando el seleccionador acertó a apretar la tecla buena.
España sobrevive gracias a una generación joven que aporta la realidad actual de nuestro fútbol: pocos jugadores del Barça y ninguno del Real Madrid, cuando históricamente las dos entidades soportaban el peso de la camiseta roja. El seleccionador construye el equipo que puede bajo esta adversidad, consciente de que no tiene demasiado donde elegir. La clase media nacional no ayuda a presumir de contar con excelentes futbolistas y aquellos que emigraron al extranjero transitan por un periodo de abstinencia, salvando alguna excepción. Por aquí confianza para el soldado Luis Enrique, cuyo discurso debe ser más fraternal para evitar provocaciones estériles que conducen a una hoguera de vanidades. Porque Luis Enrique, aunque no lo creas, al Periodismo le va mejor que gane España. Pero como sabemos que nada va a cambiar, la pregunta queda en el aire, ¿qué puede hacer Rubiales?

La previa en 60'' del Kosovo-España: Volver a ganar como única opción (20:45)

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