Estas líneas están escritas antes de conocer el resultado del Italia-España, que puede marcar aún más el futuro del seleccionador. Luis Enrique arrastra en su carrera profesional cierto sentir italiano: desde el codazo de Tassotti a su inocuo paso como técnico por Roma. Pero lo que no se puede negar es que tras pasar cinco años en el Real Madrid, se ha convertido en enemigo público del madridismo.

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Xavi Hernández fue compañero y discípulo, años después, del gijonés. Quien fuera mediocentro internacional decidió abrir el melón y realzar algo que casi nadie se ha atrevido a señalar, al menos públicamente. El técnico que hoy trabaja en Qatar reflexionó sobre la dificultad del entorno de la Roja y dejó esta perla: “Es complicado ganar títulos con España, pero lo es más para un seleccionador que no lleva jugadores del Madrid, en un entorno madridista como la selección”. Queda sin aclarar si el entrenador recordó lo que sucedió cuando su colega Raúl González dejó de acudir a las convocatorias de Luis. Tampoco deja claro si ese ejercicio de memoria se refiere a lo vivido con el ‘Sabio de Hortaleza’ y a la cacería mediática y social que sufrió el entonces seleccionador cuando optó por no convocar al futbolista del club blanco. Lo que queda cristalino es que el apoyo de Xavi ha vuelto a dividir a las dos Españas futboleras: la madridista y la que no se siente representada por el Real Madrid. Son las mismas que en su día fusionó Aragonés y más tarde reafirmó Del Bosque.
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Luis Enrique y su grupo de convocados han logrado algo impensable cuando arrancó esta simpar Eurocopa. Si las expectativas de éxito eran dudosas antes de la puesta en escena, las opciones se redujeron tras los dos primeros partidos de la competición. Sólo algunos, esquivos de la sensatez y obligados a defender lo indefendible, se sentían protegidos por una selección que no daba el tono. En el partido límite, Martin Dúbravka, el portero de Eslovaquia, nos devolvió al torneo, España goleó y se esfumaron las críticas precedentes. Ya no faltaba gol, la Roja retornaba a la verticalidad perdida, la contundencia regresaba a las áreas, Busquets recuperaba la jerarquía no encontrada, el líder Luis Enrique olvidaba ser Luis ‘Enroque’ para acertar con los cambios y aportar reactividad al grupo, Llorente abandonaba la banda para abanderar la grada… Los resultados mutaron y con prórroga y penaltis nos plantamos en semifinales.
El actual seleccionador es un tío ‘echao pa’lante’. Lo es desde sus principios y a estas alturas no va a cambiar. Fijo de ideas, terco en planteamientos, orgulloso de ser como es, participa como líder carismático de un grupo armado a su medida. Cambiar Madrid por Barcelona posibilitó el encumbramiento en una afición y la desheredación de la otra, pero aún pudo ser peor si hubiera aceptado la propuesta del Atleti de Madrid… Entonces todavía no era el de Simeone. El asturiano, en su trabajo como entrenador, había despertado expectación a la sombra de Guardiola desde el filial azulgrana. Durante tres años se había presentado como un técnico solvente. En ese final de la primavera de 2011, quien fuera su compañero de selección, José Luis Pérez Caminero, que había sido nombrado pocos días antes director deportivo rojiblanco, comunicó con Luis Enrique para concertar una reunión en Barcelona. El objetivo era convencer al técnico y hacerle renunciar a la propuesta italiana ya presentada. Pero la nueva propiedad romana, el norteamericano James Pallotta había adquirido el club capitalino a la familia Sensi, se había adelantado, y aunque el acuerdo no estaba rubricado, el Atleti se llevó un ‘no’. Meses después, apareció el Cholo y nunca más retornó Luis Enrique a las quinielas rojiblancas.
Otro mítico del doblete rojiblanco, Jose Molina, si consiguió el sí que no alcanzó siete años antes quien fuera su compañero de vestuario. Tras la convulsa salida de Lopetegui, que arrastró a Fernando Hierro, el portero valenciano aterrizó en Las Rozas. Entonces, tomó la decisión de contratar a Luis Enrique, que desde entonces se ha convertido en el soberano de un banquillo que paso a paso ha ido recuperando el tiempo perdido. La carga de ‘antimadridismo’ que representa el gijonés es uno de sus frentes abiertos, al tiempo que sistemáticamente desde la otra orilla recibe parabienes sin desenfreno. Lástima que contemos con un seleccionador incapaz de unir y propenso a la confrontación. Sin embargo, ganar y ganar, y volver a ganar le puede otorgar esa inmunidad nacional que hoy se le niega. Si al concluir estas líneas, España ya está en la final todos debemos compartir el éxito. Si resultara lo contrario, todos debemos compartir el éxito. La Roja, así la bautizó Aragonés, ha recuperado la ilusión, la afición retorna y las audiencias televisas han celebrado que todos, otra vez, sentimos con orgullo a la España de todos, también la de Luis Enrique.
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